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Irredeemable/Incorruptible: las dos caras de la moneda.

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 07/11/2012

Cuando se piensa en el concepto de superhéroe, muchas veces nos quedamos sólo con la primera parte del término: los poderes sobrehumanos que permiten al protagonista realizar proezas increíbles. Es decir, se suele pensar más en lo de “super” que en lo de “héroe”. Así, es fácil crear un personaje más rápido que el sonido o capaz de romper un rascacielos de un puñetazo, pero: ¿qué efecto tiene algo así sobre su mentalidad? ¿Y porqué asumimos automáticamente que utilizará esos dones para el bien? Tan espinoso como interesante tema es el que plantea Mark Waid con Irredeemable.

Aunque poco frecuente, el concepto manejado no es nuevo. Series como Miracleman, El Encapuchado o The Mighty ya juegan con la fina línea que puede separar al superhéroe del supervillano. El propio Waid ya había trabajado el tema en proyectos como Kingdom Come o Empire. Sin embargo pocas veces se había abordado de manera tan directa y amplia como en Irredeemable. Editada por la independiente Boom! Studios -Norma Editorial en España- la serie narra la ¿anunciada? caída del Plutoniano, evidente sosias de Superman quien, tras años aclamado como el mayor héroe de la Tierra, pasa a convertirse en el mayor villano del mundo, destruyendo ciudades enteras, asesinado a miles de personas y provocando catástrofes por todo el globo gracias a sus inmensos poderes.



Waid divide el protagonismo entre el Plutoniano y los miembros de El Paradigma, grupo de superhéroes al que pertenecía el primero y que se ven incapaces de detener a su antiguo miembro. Antiguos héroes y villanos pululan aquí y allá, dando pie a viejos rencores e incómodas alianzas frente a ese enemigo común que ahora amenaza a ambos por igual. Y de fondo la alargada sombra de Modeus, antigua némesis del Plutoniano desaparecido hace años pero relacionado con el devenir de los acontecimientos. Frente al superhéroe según Marvel o DC, aquí no hay ninguna continuidad que mantener y ningún personaje es imprescindible o está sujeto a restricciones editoriales. Eso permite al guionista adentrarse en zonas poco transitadas del género (rompiendo todas las reglas usuales del mismo) y desarrollar una historia imprevisible donde cualquier cosa puede suceder… y termina sucediendo.



Pero no se vayan, que aún hay más. Y es que tan interesante y amplio es el mundo creado por Waid para Irredeemable que pronto dio pie a Incorruptible. En ella Waid toma al supervillano Max Damage y le empuja por el camino contrario: convertirse en el héroe que salvará al mundo de la amenaza del Plutoniano. Un giro radical visto con desconfianza tanto por aquellos que se opusieron a él siendo villano como por sus antiguos aliados en el crimen, que le consideran un traidor. Con idéntico espíritu imprevisible aunque con un mayor sentido del humor –frente a la gravedad que impregna las fechorías del Plutoniano- la serie transcurre en paralelo a Irredeemable pero, pese a su estrecha relación, permite una lectura perfectamente independiente.



En su apartado gráfico ambas series corren a cargo de dibujantes como Peter Krause, Jean Díaz o Marcio Taraka, autores relativamente recientes y poco conocidos, de estilo clásico y aún por pulir, pero cuya versatilidad y buen hacer narrativo posiblemente les auguran una apretada agenda en el futuro. Pensadas desde su inicio con un final en mente (37 y 30 números respectivamente) Irredeemable e Incorruptible se han convertido en dos de las propuestas más frescas e interesantes del panorama de los superhéroes, demostrando que aún es posible innovar dentro del mismo y hacerlo tan apasionante como el primer día. Solo es cuestión de atreverse y probar.


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