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La Saga del Infinito: Cuando Jim Stalin sacudió el universo Marvel

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 23/01/2018
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Con los espectaculares avances de Vengadores: La Guerra del Infinito (2018) prometiendo uno de los acontecimientos cinematográficos del año, en Panini Cómics han decidido volver la vista atrás y recuperar la trama que sirve de inspiración a la misma. Y es que aunque los films del universo cinematográfico Marvel tienen muchos padres y madres, la trama que le ha servido como columna vertebral durante su década de existencia pertenece a la llamada Saga del Infinito surgida de la imaginación de Jim Starlin.


Hacia 1990, Starlin volvía a Marvel tras casi una década consagrada a editoriales como First y DC. Uno de sus primeros encargos fue asumir los guiones de la nueva serie de Estela Plateada, retomando así el tipo de historias de ambientación cósmica protagonizadas por personajes como Adam Warlock y el Capitán Marvel con las que había lanzado su carrera veinte años atrás. Delegando esta vez el dibujo en manos de un joven ilustrador asiático llamado Ron Lim, el guionista procedió a recuperar para la serie al villano Thanos de Titán. Este era resucitado literalmente después de que el propio Starlin hubiese decidido liquidarlo años atrás, inaugurando así su fama de “asesino de personajes” que le llevó a recibir el apodo de Mr. Muerte (sic). Pero sus intenciones recuperando al titán loco iban más allá del cariño por una de sus primeras creaciones. Más allá incluso de otorgar una nueva némesis al surfista plateado. De hecho, iban a implicar a toda la editorial.


Tras varias historias donde Starlin dotó de un humor bastante cínico a las aventuras del personaje titular empezó a recuperar en sus guiones para Silver Surfer a otros viejos personajes como Drax el Destructor, Gamora, Pip el Troll o el citado Warlock mientras, de manera lenta pero firme, introducía una trama secundaria donde Thanos se embarcaba en la búsqueda de la fuente de poder definitivo: las Gemas del Infinito. Una búsqueda que se narraría no en la serie principal sino en una cabecera aparte protagonizada por el propio villano: la miniserie Thanos Quest. Firmada por los propios Starlin y Lim, esta miniserie mostraba el enfrentamiento entre el titán loco y los Arcanos del universo, guardianes de las seis gemas que, una vez reunidas, proporcionarían a su dueño la omnipotencia.


Con un dibujo mucho más elaborado y ambicioso, este relato de búsqueda alternaba los combates épicos con los duelos de astucia entre el villano y sus adversarios, ninguno de los cuales podía ser vencido de la misma manera. El guión construía aquí una narración donde la acción y la aventura no estaban reñidas con la reflexión sobre temas como la divinidad, la inmortalidad o los peligros del poder absoluto, sin dejar de lado el humor –como la carcajeante resolución de la pelea contra El Campeón- en la que sigue siendo una de las obras más disfrutables de su autor.


Pero Starlin se guardaba lo más espectacular para el final. Dueño ya del poder absoluto que le permitía manejar el universo a su antojo, Thanos cumplía entonces una vieja promesa con la que esperaba ganarse el beneplácito de su adorada Muerte: eliminar a la mitad de habitantes de todo el universo. Semejante acción llevaba a un enfrentamiento entre el villano y la plana mayor de los héroes de la editorial, en un épico combate donde por primera vez no existía garantía alguna de victoria. En una época donde eventos editoriales como este aun constituían algo excepcional y no habían caído en la pura rutina, El Guantelete del Infinito tuvo sus consecuencias a lo largo y ancho del universo Marvel. Pero pese a la inevitable presencia de pesos pesados (Spiderman, Hulk, Vengadores, X-Men, 4 Fantásticos), Starlin se las ingenió para que sus propios personajes acaparasen la mayor parte del protagonismo.


La espectacularidad e ingente cantidad de personajes que manejaba la premisa fueron perfectamente plasmadas por el dibujo de George Pérez, habituado a operaciones de semejante envergadura desde la gargantuesca Crisis en Tierras Infinitas. Desgraciadamente, su labor se vio empañada por una apretada agenda que le obligó a abandonar la serie tras su primera mitad, siendo sustituido con oficio –pero mucho menos talento- por el ya habitual Ron Lim.


El éxito de la saga propició no solo dos secuelas a cargo del tándem Starlin-Lim –la Guerra del Infinito y La Cruzada del Infinito- sino también el surgimiento de una nueva línea de series de corte cósmico. Cabeceras de irregular balance pero con las que Starlin consiguió materializar su intención de rescatar del olvido a varios de sus personajes para (re)situarlos en el epicentro de la editorial y sobre los que ha ido volviendo periódicamente en las dos décadas posteriores. Una iniciativa que, con motivo de su inesperada relevancia cinematográfica, Panini Cómics recupera ahora en forma de lujosa edición en tomo, permitiendo apreciar de nuevo las virtudes de una propuesta que marcó un punto y aparte en la memoria de muchos aficionados.


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