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El renacer de los Hijos de la Medianoche

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 15/07/2018
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Entre las recientes novedades que ofrece Panini Cómics, una en especial llamará la atención del lector veterano de Marvel. Se trata del tomo Espíritus de Venganza: Guerra a las Puertas del Infierno, con el que Victor Glischer y David Baldeón recuperan a los Hijos de la Medianoche, una de las marcas distintivas de la editorial durante la década de los noventa. Un sello editorial tan interesante como desigual, de trayectoria tan extensa en número de cómics como breve en el tiempo y que, como gran parte de la Marvel de aquella época, oscila en la mente del lector sin término medio entre la reivindicación nostálgica y la denostación del placer culpable.


Podría decirse que todo empezó con el Motorista Fantasma. Recuperado a principios de la década, la serie regular dedicada a la nueva encarnación del jinete de cráneo llameante, escrita por Howard Mackie e ilustrada por el tándem formado por Javier Saltares y Mark Texeira fue un éxito que sorprendió incluso a la propia editorial. El impactante nuevo look del personaje causó impresión en plena moda de los antihéroes oscuros y expeditivos. Ello, unido a la expansión editorial que la propia Marvel experimentaba con el boom del mercado directo y el éxito cosechado por su rival DC con el sello Vértigo a la hora de explotar personajes más cercanos al género del terror que al de los superhéroes, se conjuntaron para crear una nueva línea editorial centrada en el género del horror. Y lo hicieron matando dos pájaros de un tiro mediante un evento editorial que presentaba a los protagonistas en la primera entrega de sus propias cabeceras.


El Ascenso de los Hijos de la Medianoche llegó en 1992, enlazando Ghost Rider #28 con los #1 de Espíritus de Venganza, protagonizada por el dúo formado por Danny Ketch, el nuevo Motorista Fantasma y su predecesor Johnny Blaze; Nightstalkers -traducida como Cazadores de Vampiros (sic)-, que recuperaba a viejos personajes de la emblemática La Tumba de Drácula como Frank Drake, Hannibal King y Blade; Morbius, el Vampiro Viviente, que dotaba de un giro sobrenatural al villano homónimo de Spiderman; y Darkhold, centrada en un grupo de investigadores relacionados con el lovecraftiano manuscrito de magia negra titular. Todos ellos eran reunidos por el Dr. Extraño –cuya propia serie regular curiosamente no formó inicialmente parte de la línea- para combatir la amenaza de Lilith, legendaria madre de demonios que volvía a la vida con la intención de sumir al mundo en la oscuridad. Tras derrotar dicha amenaza los personajes se separaban iniciando sus propias aventuras pero estableciendo una suerte de vínculo que les llevaría a cruzar sus caminos de forma regular.


Aunque condicionadas tanto por la restricción creativa de un Comics Code que impedía excesos truculentos así como por el talento de unos guionistas -Dan Chichester, Len Kaminski, el propio Mackie- muy por debajo del alto nivel de excelencia de la citada línea Vértigo, el sello tuvo el acierto de dotar a cada cabecera de un tono propio. Así Espíritus de Venganza se convertía en una road movie infernal donde sus protagonistas recorrían el país enfrentándose a las amenazas enviadas por el demonio Mefisto. Morbius abrazaba la influencia del drama gótico tan de moda en el cine de vampiros tras los estrenos de Drácula de Bram Stoker (1992) y Entrevista con el Vampiro (1994). Nightstalkers mezclaba intriga detectivesca con conspiraciones sobrenaturales que incluían gárgolas alquimistas, demonios eléctricos y un comando sobrenatural de la organización terrorista Hydra. Y finalmente Darkhold y las tentaciones de sus páginas malditas remitían en cierta forma las antiguas antologías del cómic terror como Creepy o Eerie. Todo ello ilustrado por un grupo de dibujantes que incluía a los competentes Richard Case y Ron Wagner y unos prácticamente debutantes Andy Kubert, Adam Kubert y Ron Garney.


Por desgracia todo se malogró rápidamente. Antes de un año la mayoría de autores iniciales habían abandonado y/o sido reemplazados y las series se involucraron sin descanso en una sucesión de crossovers como Terror a Medianoche (donde un Blade poseído por el Darkhold debe enfrentarse a sus propios compañeros) y Cerco de Tinieblas (con el regreso de Lilith, aliada ahora con una raza infernal encabezada por el demonio Zarathos). Eventos que además de interrumpir los propios argumentos de cada cabecera alteraban de forma considerable su status quo sin tiempo para desarrollo alguno. La calidad decreciente de las tramas, unida a una crisis del mercado que afecto considerablemente a Marvel supusieron el final de la línea. Darkhold fue cancelada y poco después le siguieron Nightstalkers y Espíritus de Venganza, a las que se intentó reemplazar con nuevas cabeceras protagonizadas por Johnny Blaze y Blade en solitario que apenas alcanzaron los diez números. El cierre de Morbius en su #36 supuso el final de facto para un agitado periodo de tres años que terminó casi como empezó: con la serie del Motorista Fantasma en manos de Mackie y un Salvador Larroca recién llegado al cómic USA.


Desde entonces el concepto de esa Marvel ligada al terror ha ido reapareciendo de manera intermitente con resultados desiguales: la abortada línea Strange Tales, con personajes como el Hombre Cosa y el Hombre Lobo en manos de autores como J.M DeMatteis y Paul Jenkins; varias series de Blade a rebufo de su popular adaptación cinematográfica pero sin repetir el éxito de aquella; la reivindicable etapa de Ghost Rider escrita por Jason Aaron; miniseries de la línea MAX recuperando personajes como Simon Garth y el Exterminador de Demonios; o la presencia de varios los personajes antes citados en la saga Marvel Zombies. La propuesta de Glischer y Baldeón es la primera que recupera abiertamente aquella Marvel siniestra de los 90 que, en su momento, enganchó a lectores como el que esto escribe, alimentando su sed de historias siniestras en viñetas antes de descubrir más y mejores obras del género en otra parte. Si es el inicio de una nueva era para el lado sobrenatural de Marvel o solo un guiño nostálgico a un pasado que no volverá está por ver.


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