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Inyección: La enfermiza vacuna de Warren Ellis

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 22/07/2018
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A lo largo de su obra Warren Ellis ha tocado muchos conceptos exóticos, pero uno de los que más parece fascinarle es la idea de cómo los avances científicos transforman a los individuos física y mentalmente, alterando las formas y límites de la condición humana y plasmándose socialmente mediante llamativos y desconcertantes cambios culturales. La visión de la sociedad como una suerte de ente biológico donde los individuos son el equivalente a microbios suele repetirse a lo largo de sus obras, convenientemente disfrazada por el uso de conceptos inequívocamente definitorios de distintos géneros como los superhéroes (The Authority), la acción (Frecuencia Global), el policíaco (Fell) o la ciencia ficción (Transmetropolitan). Sin embargo, pocas veces el guionista británico había abrazado esa idea de forma tan directa como en Inyección.


Publicada en el seno editorial de Image Comics, Inyección propone una trama centrada alrededor de cinco peculiares personajes: la científica Maria Killbride, el espía Simeón Winters, la genio informático Brigid Roth, el investigador Vivek Headland y el chamán Robin Morel. Cinco individuos tan excepcionales como dispares a los que el gobierno británico reunió años atrás con vistas a crear un modelo sobre el futuro de la cultura humana y su desarrollo. Dispuestos a dar un empujón al asunto, los cinco aunaron sus disciplinas para crear la Inyección, un ente metafísico parte ciencia, parte magia, que transformase el mundo. El plan resultó tan exitoso como peligroso cuando tras su creación la Inyección adquirió voluntad propia y comenzó a sembrar el caos a lo largo del planeta, provocando sucesos inspirados en la mitología y supersticiones. Varios años después, una serie de sucesos hará que los caminos del grupo vuelvan a cruzarse para frenar a su creación, la cual parece especialmente obsesionada con desafiar a sus creadores en sus respectivos campos.


Organizada en forma de arcos argumentales de cinco números cada uno, el protagonismo de Inyección va rotando sobre el quinteto antes citado, haciendo que cada uno de ellos asuma el protagonismo de cada saga mientras el resto aparecen en segundo plano. Algo que no obstante no impide el desarrollo de una trama central que recorre toda la serie, plagada de flashbacks y que el guión administra con cuentagotas creando una sugerente sensación de misterio. Asimismo, Ellis se sirve de la muy diferente personalidad y trasfondo de los personajes para hacer que cada arco se incline hacia un género dictado por el arquetipo que representa cada protagonista.


La traumatizada doctora Killbride, recién salida de una institución mental, es la protagonista de la trama inicial donde un suceso aparentemente relacionado con el folklore británico provoca una amenaza que podría destruir el país. El deductivamente superdotado Vivek asume las riendas de la segunda historia, enfrentado a un caso que incluye apariciones fantasmales, sexo ectoplásmico, organizaciones anarcoterroristas y sándwiches hechos con jamón humano (sic). La políticamente incorrecta hacker Brigid Roth es la protagonista del tercer arco, centrado en la investigación de un accidente mortal relacionado con la excavación de unas ruinas megalíticas. Personajes cortados por el habitual patrón made in Ellis de cinismo, intelecto superlativo, amoralidad, hábitos dudosos, rechazo al sistema y una contradictoria ética personal pero que, al mismo tiempo, no ocultan su inspiración directa -jocosamente señalada por el propio autor en varios diálogos- en emblemáticas creaciones del moderno imaginario popular británico como Sherlock Holmes, James Bond, el Dr. Who, el profesor Bernard Quaterrmass o Thomas Carnacki, en un (otro) juego de referencias pulp similar al de su celebrada Planetary.


La responsabilidad de plasmar en imágenes los conceptos no siempre sencillos del guión de manera visualmente atractiva recae en Declan Shalvey, reuniéndose con Ellis tras su colaboración conjunta en una breve pero enormemente fructífera etapa del Caballero Luna. Dibujante dinámico y expresivo, capaz de clavar la personalidad de cada personaje desde su mismo diseño, Shalvey sabe adaptarse a las pronunciadas curvas de la prosa de Ellis, dibujando con idéntica eficacia a personajes charlando tranquilamente sentados a una mesa, crudas peleas cuerpo a cuerpo, imágenes de ultraviolencia y entornos oníricos poblados por seres de la mitología celta entre otras secuencias.


Bombardeando casi en cada página al espectador con conceptos de índole científica, social, cultural y/o metafísica ocasionalmente barnizados con diálogos de un humor negro ácido hasta el punto de la corrosión (“Sándwiches para nuestro invitado. Nada que contenga líquenes o el salvajismo con el que me vengaré será de proporciones nucleares tales que tu cadáver destrozado viajará en el tiempo y explotará en el útero de tu madre”) y una narración visual acorde, el lector se ve irremediablemente enganchado por la lectura de cada entrega aun sabiendo que esta le ofrece más preguntas que respuestas -¿Qué es exactamente la Inyección?; ¿Cuál es su propósito último?; ¿Qué papel juegan en todo esto las misteriosas organizaciones conocidas como el Desguace, el Ministerio del Tiempo y las Medidas o la FPI?; ¿Por qué cada uno de los protagonistas parece tener sus propios planes en esta historia?- pero quedando fascinado por el viaje pese a ignorar cual será su destino final.


Inyección es, por todo lo anterior, puro Warren Ellis 100% sin adulterar. Desgraciadamente esa cara también tiene su cruz ya que, como viene siendo habitual en el guionista durante los últimos años, su prolífica imaginación no siempre es pareja a su constancia, viéndose afectada la publicación de la serie por una periodicidad irregular plagada de intervalos, el último de los cuales ha dejado estancada la numeración tras el #15 USA publicado hace casi un año. Teóricamente planificada para albergar al menos otros dos arcos argumentales más –los protagonizados por Simeon Winters y Robin Morel- de momento el lector español puede disfrutar de las tres primeras sagas editadas en nuestro país por Norma Editorial. Tres chutes de creatividad viñetera en un mercado adocenado que merecen sobradamente correr el riesgo de asomarse a sus páginas.


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