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La Saga de Fénix Oscura: El cenit de los mutantes

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 16/10/2018
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AVISO: Éste artículo contiene posibles spoilers. En él se revelan aspectos argumentales que el lector podría preferir descubir por sí mismo.

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Al lector actual, resabiado en los trucos de las grandes editoriales y maleado a base de spoilers sobre una trama antes incluso del propio inicio de la misma, tal vez le cueste comprender el impacto que en 1980 tuvo una historia como La Saga de Fénix Oscura. Un hito en la trayectoria de los mutantes de Marvel que también se constituyó en un referente (no siempre para bien) de buena parte del cómic de superhéroes posterior.

Por ello conviene ofrecer cierto contexto: recuperada editorialmente tras varios años dedicada a reediciones de viejas historias, la cabecera Uncanny X-Men se había posicionado rápidamente como una de las más exitosas del mercado estadounidense tanto en cuestión de crítica como de ventas. La razón era la estupenda labor creativa del apodado dream team formado por el guionista Chris Claremont y el dibujante John Byrne. Su renovadora visión, recuperando conceptos y personajes de la iteración original de Stan Lee y Jack Kirby pero potenciándolos y añadiendo elementos de cosecha propia, mostraban otra forma mayor y mejor de hacer las cosas en el cómic de superhéroes. Y una de sus innovaciones más patentes fue la evolución del personaje de Jean Grey. De mano de sus nuevos cronistas, la afable y modosa Chica Maravillosa se había ido transformando en un personaje cada vez más duro e inquietante a medida que sus poderes mentales iban adquiriendo un potencial cada vez mayor y aparentemente sin límite. Una transformación materializada con un cambio de uniforme y de nombre (Fénix) un par de años atrás.


De forma lenta pero segura, Claremont y Byrne habían ido sembrando las semillas para una historia centrada en el personaje que se inició en el #129 USA donde los protagonistas se enfrentaban a los elitistas villanos del Club Fuego Infernal. Dicha aventura se convirtió en el gatillo que disparó la transformación definitiva de Fénix en un ser todopoderoso pero incapaz de controlar semejante poder. Un ser capaz de cometer un genocidio planetario sin pestañear, convirtiéndose en un peligro que fuerzas cósmicas como el imperio Shi´ar se veían obligados a eliminar, poniendo a los X-Men en el brete que suponía proteger a su compañera y al mismo tiempo ser incapaces de detener el peligro que ella misma suponía. Un argumento que hilaba referencias que iban desde el pulp británico (ese homenaje a la clásica serie televisiva Los Vengadores) a la epopeya cósmica (con escenas reminiscentes a La Guerra de las Galaxias) pero cuya verdadera fuerza estaba en el drama de una historia que incluía cuestiones tan potencialmente delicadas como la corrupción del poder, el dilema moral de arrebatar una vida ajena, el sacrificio del mal menor frente al bien mayor y el suicidio.


Un coctel potencialmente explosivo e insólito para un título mainstream de la época ilustrado por Byrne en uno de sus mejores momentos profesionales. Un Byrne que no solo plasmaba acertadamente los muy diferentes escenarios de la trama, sino también subrayaba efectivamente toda la épica y oscuridad moral manejada por el guión y que culminaba con el impactante e inesperado sacrificio/suicidio de la protagonista. Un final que tiene su miga adicional cuando se descubre que fue cambiado sobre la marcha por imposición del entonces editor jefe Jim Shooter, quien desestimó el mucho más benévolo desenlace original aduciendo que no era consecuente con la gravedad de la historia y logrando así uno de los desenlaces más impactantes de la historia de Marvel en una época donde la muerte de un personaje principal era algo insólito y no un trámite temporal (añadir a modo de curiosidad que, fruto de ese éxito, aquel desenlace original acabaría viendo la luz cuatro años después en un especial apropiadamente titulado).


Aunque inicialmente Claremont había aceptado dicho cambio a regañadientes poco después se sorprendió asimismo descubriendo que la muerte de Jean había sido un acierto que aportaba un dramatismo y una imprevisibilidad argumental que beneficiaba enormemente su trabajo. El recuerdo de Jean y las consecuencias de su muerte eran argumentalmente más valiosos que los ruegos de los fans que pedían su vuelta. Una disyuntiva de la que Claremont sacó partido en historias posteriores como Desde las Cenizas (#169-175 USA). Por desgracia Byrne no opinaba igual y, a instancias de su antiguo compañero y con el respaldo del mismo Shooter que había ordena el deceso, en 1985 orquestó la resurrección de Jean de cara al lanzamiento de X-Factor. La serie de retruécanos argumentales utilizada para justificar dicho regreso es demasiado larga y aparatosa –y aún lo sería más con el paso de autores y añadidos posteriores- pero es justo decir que devaluó la credibilidad de los decesos en el cómic de superhéroes y a largo plazo hizo un efímero favor al propio personaje ya que, con la excepción de Grant Morrison, nadie parece haber sabido/querido/podido sacar verdadero partido al mismo. Ni siquiera el propio Claremont en sus intermitentes regresos a la franquicia.


Todo ello no debe ser impedimento para disfrutar de la historia original que Panini Cómics acaba de reeditar en un tomo único que permite apreciar, tanto al seguidor habitual de los mutantes como al ocasional, tanto al lector de cómic de superhéroes como al ajeno al género, las virtudes atemporales de un título señero que marco por muchos motivos la historia del cómic USA. Una trama ineludible al hablar de los X-Men no solo en viñetas, sino también en su trasvase a otros medios puesto que ha sido adaptada en múltiples ocasiones. Tanto en formato animado –las series X-Men y Lobezno y los X-Men- como en imagen real –X-Men: La Decisión Final (2006) y la futura X-Men: Fénix Oscura (2019)- y cuyas ramificaciones argumentales han sido explotadas hasta el exceso. Incluida la publicación, apenas cuatro años después de la original, de un especial apropiadamente titulado La Saga de Fénix Oscura: La Historia Jamás Contada que, firmado por los propios Claremont y Byrne, mostraba aquel primer desenlace descartado de la trama. Parece que de una forma u otra esta historia se niega a morir, resurgiendo una y otra vez. El disfrute que supone su (re)lectura debería responder por si solo cualquier duda al respecto.


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