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La Trilogía Nikopol: Las visiones desde el futuro de Enki Bilal

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 27/10/2018

Con su edición en un único volumen por primera vez en el mercado español, Norma Editorial devuelve la atención sobre la Trilogía de Nikopol, tres álbumes firmados por Enki Bilal que supusieron su consagración como uno de los autores señeros del cómic europeo de las últimas décadas y aun hoy considerados uno de los puntos de inflexión a la hora de hablar del cómic de ciencia ficción.

Tras casi una década como profesional, evolucionando desde unos primeros trabajos muy marcados por la sombra de Moebius hasta desarrollar un estilo propio mediante sus colaboraciones con el guionista Pierre Christin, en 1980 Bilal se decidió a probar suerte en solitario con La Feria de los Inmortales, primera entrega de una saga futurista en la que el autor de origen yugoslavo da rienda suelta a las obsesiones argumentales y gráficas que acabarían convirtiéndose en sus señas de identidad.


Ambientada en un futurista Paris en el año 2023, la historia arranca con el accidentado regreso a la tierra de Alcide Nikopol, un astronauta que ha permanecido tres décadas en hibernación y regresa a un mundo que ya no conoce. En su ausencia y tras un conflicto nuclear, París se ha convertido en una ciudad estado hipertecnificada gobernada por un dictador fascista llamado Choublanc. Asimismo la reaparición del protagonista coincide con la aparición sobre la ciudad de una nave espacial con forma de pirámide tripulada por alienígenas cuyos nombres y aspecto remiten a los dioses egipcios. Uno de ellos, Horus, acabará tomando posesión del cuerpo de Nikopol, iniciando una serie de sucesos que le llevarán a derrocar a Choublanc mientras cruzan su camino con el hijo de Nikopol quien, debido a la hibernación, tiene exactamente la misma edad y aspecto que su propio padre. Política, religión, citas literarias –el protagonista recitando versos de Charles Baudelarie- y acción se unen en un guión que quizá peca de querer abarcar demasiados temas pero que ya muestra a un narrador con inquietudes más allá del mero entretenimiento y capaz de configurar un interesante universo propio. Y aunque en este primer tomo la influencia de Moebius aún es patente, el Bilal dibujante ya muestra aquí un estilo propio, más crudo y menos estilizado, logrando una ambientación inmersiva en ese futuro decadente potenciada por unos colores ocres.


Cuando el autor se decidió a retomar la historia con La Mujer Trampa (1986) sorprendió a propios y extraños por su enfoque inesperado. En lugar de limitarse a retomar la trama donde la había dejado, Bilal cede el protagonismo a un nuevo personaje, la reportera Jill Bioskop quien, en el Berlín de 2025, cruza su camino con los de Nikopol y Horus, ahora separados. Conspiraciones, asesinatos, drogas alteradoras de la memoria, una misteriosa nave espacial que regresa a la Tierra tras décadas en el espacio, artículos de prensa que predicen acontecimientos del futuro… un guión tan absorbente como complejo que puede despistar en una primera lectura, pero que de nuevo fascina por esa visión decadente y amenazadora del futuro que sublima el clima de la guerra fría. El dibujo afianza ya una inconfundible personalidad propia, cada vez menos académico y más minimalista, con una tendencia creciente a los colores fríos y a las atmosferas oníricas cuyo mejor ejemplo es el icónico diseño de la protagonista, con el llamativo contraste de su piel blanca como la leche con el intenso azul de sus labios y cabellos.


Haciendo caso omiso a imperativos comerciales y editoriales, Bilal volvió a dejar la saga aparcada durante varios años hasta que en 1992 decidió darle un final con Frío Ecuador. El protagonismo pasa aquí a manos del hijo de Nikopol, quien en 2034 emprende un viaje buscando a su desaparecido padre, el cual ha vuelto a unirse con Horus y se ha convertido en campeón de chessboxing –una combinación de ajedrez y boxeo que, demostrando que la realidad supera a la ficción, inspiró la creación de un deporte similar una década más tarde (sic)-. La acción transcurre en una urbe africana azotada por una ola de frío debido al cambio climático y sobre la que la pirámide alienígena hace su aparición. Bilal recupera aquí personajes y tramas de los dos álbumes previos para dar cierre a una historia tan original como impredecible que en esta tercera entrega incluye asimismo un bello homenaje al cine. El acabado de la parte gráfica, más próximo aquí a técnicas pictóricas como el carboncillo y las pinturas acrílicas que al dibujo del cómic tradicional, da un tono melancólico, a ratos onírico, a este tercer álbum que, como sus dos precedentes, desafía cualquier expectativa y/o idea preconcebida por parte del lector.



Narrada con un rimo pausado y taciturno, con un tono rabiosamente personal y poco dado a las concesiones comerciales, esta trilogía se erige por derecho propio en una de las cumbres del cómic europeo “de autor” (no solo en el género de ciencia-ficción) que, si bien puede frustrar al lector neófito que se acerque a la misma esperando un simple entretenimiento, continúa fascinando con su envolvente visión de ese futuro decadente y a ratos surrealista. Una trilogía que sirve de base para entender las posteriores obras de su autor (El Sueño del Monstruo, Animal´z) y que el propio Bilal acabaría llevando al cine con Inmortel (Ad Vitam) (2004), una muy libre adaptación de los dos primeros álbumes donde se combinaban actores de carne y hueso (Thomas Kretschmann, Linda Hardy, Charlotte Rampling) con decorados creados por animación digital y que fue recibida con críticas poco benevolentes -existe también una adaptación al videojuego en forma de aventura gráfica editada en 2008-. Recuperar ahora esta obra irrepetible por primera vez en formato integral supone una cita ineludible para que el aficionado al cómic descubra a uno de los creadores más fascinantes y personales del medio y, con suerte, abra la puerta a nuevos horizontes en el mundo de las viñetas.


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