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Justicia Ciega: La gran historia olvidada de Batman

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 29/12/2018
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Batman: Año Uno, El Regreso del Caballero Oscuro, La Broma Asesina, Arkham Asylum… son algunos de los nombres que surgen automáticamente cuando se pregunta por las mejores historias del personaje creado por Bill Finger y Bob Kane. Pero rara vez en esas listas se menciona Justicia Ciega, historia con la que se celebró el 50º aniversario del personaje y que merece destacarse tanto por su propia calidad como por su poca reconocida influencia posterior.


Allá por 1989 el personaje de Batman pasaba por el mejor momento de su carrera. Tras el relanzamiento de su continuidad con Crisis en Tierras Infinitas el personaje se había convertido en punta de lanza de la revisión adulta y sofisticada del cómic de superhéroes gracias a las aportaciones de autores como Frank Miller, Alan Moore, Jim Starlin, Marv Wolfman o Grant Morrison. A proyectos especiales como los citados al inicio del texto se unían dos solidas cabeceras regulares y el esperadísimo estreno de la adaptación cinematográfica firmada por Tim Burton. Todo ello coincidiendo con el quincuagésimo aniversario de su primera aparición en Detective Comics #27. Sería precisamente en esa cabecera donde el editor Dennis O´Neil, eligió celebrar tan única ocasión con la historia que nos ocupa.


Tras haber leído el libreto original de la película de Burton firmado por Sam Hamm y considerar que había captado la verdadera esencia del personaje, O´Neil propuso al autor del mismo la posibilidad de escribir un cómic del personaje. Hamm, guionista cinematográfico sin experiencia previa en el mundo de las viñetas, aceptó ilusionado por la posibilidad de dar rienda suelta a una de sus fantasías como lector infantil de cómics así como por la posibilidad de aprovechar el parón profesional al que le obligaba una huelga del sindicato de guionistas de cine. Sin embargo no era un encargo fácil: a la presión de los fastos de aniversario y su desconocimiento del medio se unía la exigencia de que la historia fuese parte de la continuidad vigente en los cómics en vez de una prolongación de su adaptación al cine. Bajo la guía de O´Neil, Hamm desarrolló una trama en siete partes que sería publicada en Detective Comics #598-600 -con el primer y tercer número adaptando excepcionalmente un formato de 80 páginas frente a las 24 habituales- corriendo el apartado gráfico a cargo de Denys Cowan (colaborador del propio O´Neil en The Question) y rematado por las tintas de Dick Giordano, nombre histórico de la editorial.


Bien por su intención de ofrecer algo diferente, bien por no querer complicarse demasiado con la continuidad, Hamm decidió descartar de entrada tanto a la galería de villanos habituales de Batman como la posible aparición de otros personajes de la editorial, siendo Alfred y el comisario Gordon los únicos personajes habituales de la Bat-familia en hacer su aparición. En lugar de ello urdió una trama de suspense que se inicia cuando, a petición de Gordon, Batman investiga una serie de crímenes cuyas víctimas han sido asesinadas mediante un arma sónica en manos de un criminal enmascarado apodado Quebrantahuesos. El aparente suicidio del villano se vuelve aún más inexplicable con su posterior reaparición vivito y coleando. Una trama que discurre en paralelo a la de Jeannie Bowen, una joven que llega a Gotham buscando a su desparecido hermano Roy Kane, quien experimenta unos extraños delirios relacionados con el villano. Los lazos tanto de Kane como del Quebrantahuesos con Industrias Wayne provocan una investigación que pondrá al propio Bruce Wayne en el punto de mira de las autoridades amenazando con sacar a la luz su secreto como vigilante enmascarado.


Hamm propone una sucesión de tramas que van uniéndose con las consecuencias más inesperadas: acusado de espionaje debido a su misterioso pasado viajando por el mundo para prepararse física y mentalmente como héroe enmascarado, Wayne es tiroteado ante las cámaras y queda incapacitado, siendo Roy Kane el encargado de sustituirle bajo el disfraz con una pequeña ayuda tecnológica. Asimismo la investigación sobre el pasado de Wayne provoca la llegada a Gotham de Henri Ducard, mercenario internacional sin escrúpulos y uno de los maestros del protagonista durante su periodo de formación, conocedor tanto de su doble identidad como de sus métodos.

Aunque la premisa recurre a tópicos fantásticos –científicos perversos, tecnología para controlar mentes ajenas- y/o propios del época –la acusación de espionaje comunista (sic) denota su origen en los últimos coletazos de la Guerra Fría-, el ritmo narrativo y una curiosa estructura poblada de flashbacks explicando el hasta entonces prácticamente desconocido periodo de formación de la versión post-Crisis del personaje siguen siendo tan sólidos como en el momento de su publicación, demostrando el notable esfuerzo de Hamm por adaptarse a los esquemas de un medio ajeno. Asimismo su retrato psicológico explora enfoques insólitos del protagonista como mostrar su obsesión por luchar contra el crimen como una forma de continuar negando el trauma por la muerte de sus padres, llegando incluso a suponer peligrosas consecuencias para los que lo rodean.


En lo referente al apartado artístico, Cowan se mantiene fiel a sí mismo pues, incluso suavizado por Giordano, el trazo anguloso, rígido e incluso feista que ha convertido en su sello particular se mantienen. Un dibujo que quizá sea difícil de apreciar estéticamente pero cuyas virtudes como narrador –escenas oníricas, narraciones en paralelo, alternancia de planos para generar tensión o dilatar una acción- son innegables y contribuyen poderosamente al resultado final.

Sin pretender nada más allá de ofrecer una buena historia para conmemorar el aniversario del Murciélago, lo cierto es que Justicia Ciega plantó varias semillas que posteriormente fueron recogidas de forma no acreditada por otros creadores en su trabajo sobre el personaje. El propio Dennis O´Neil recuperó y ordenó los flashbacks sobre los viajes por Europa y Asia de Bruce Wayne y sus diferentes instructores en El Hombre que Cae, historia corta publicada en la antología Secret Origins. La estética corpulenta y enmascarada del Quebrantahuesos así como la noción de un Batman impedido delegando el disfraz a un inestable sustituto claramente influenciaron la creación de Bane y la premisa de La Caída del Murciélago. Y la inclusión del personaje de Ducard así como los “años perdidos” de Bruce Wayne fueron una de las bases utilizadas por Christopher Nolan en el guión de Batman Begins (2005). Una herencia apenas reconocida que treinta años después de su publicación puede ser debidamente apreciada gracias a la nueva edición de manos de ECC.


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