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George Pérez: Titán entre las viñetas

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 26/01/2019
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Etiquetas: La Atalaya del Vigía / Sector /

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La semana pasada George Pérez anunciaba su retirada profesional del mundo del cómic. Una noticia que no cogía precisamente desprevenidos a aquellos que venían siguiendo el trabajo de un autor que en los últimos años arrastraba varios problemas de salud que dificultaban sobremanera su labor. Congratulándonos de que esa marcha no se deba a un deceso es, sin embargo, imposible no lamentar la pérdida de uno de los ilustradores más capaces, prolíficos y decisivamente influyentes del cómic de superhéroes de las últimas cuatro décadas.

Nacido en Nueva York en 1954 en el seno de una familia de emigrantes portorriqueños, su afición por los cómics le llevaría a dedicarse al dibujo, iniciándose en la industria a principios de la década de 1970 como asistente del dibujante Rich Buckler, encargándose de las tintas de este para Astonishg Tales #25 donde hacía su primera aparición el personaje de Deathlock. Rápidamente los editores de Marvel le confiaron trabajo en títulos de la época relacionados con el terror (Werewolf by Night) y artes marciales (Deadly Hands of Kung Fu, donde junto a Bill Mantlo creó al Tigre Blanco, el primer superhéroe de origen portorriqueño). Su buen hacer hizo que pronto recibiese encargos en cabeceras cada vez más importantes como Inhumanos y Los 4 Fantásticos antes de consagrarse en Los Vengadores.


Mano a mano con el guionista Jim Shooter, Pérez elaboraría historias tan influyentes como La Saga de Korvac o La Novia de Ultrón. Sería también con su trabajo en la serie cuando asentaría un detallado estilo de dibujo del que destacan su capacidad para dotar de una fisonomía propia a cada personaje (hablamos de un dibujante capaz de dibujar al Capitán América, Ojo de Halcón y Hank Pym vestidos de civiles sin que parezcan trillizos) y su facilidad para manejar multitud de objetos y personajes en cada viñeta sin que la narración o la estética se resientan un ápice. Su versatilidad a la hora de dotar de ritmo y espectacularidad a las escenas de acción nunca supone un detrimento para plasmar escenas cotidianas de diálogo, mientras que la profusión de detalles visuales de sus viñetas nunca llega a sobrecargar la narración. Un raro y preciado equilibrio que además cuenta con el plus de una puntualidad respecto a los plazos de entrega propia de un reloj suizo.


Con semejantes cualidades en su haber, en 1980 Pérez se había convertido en uno de los dibujantes más respetados de la industria. Pero su decisión de seguir creciendo como artista así como la buena relación que había entablado con el guionista Marv Wolfman hicieron que en ese año se trasladase a DC Comics donde, tras una etapa en la Liga de la Justicia se centraría en el relanzamiento de Los Nuevos Titanes. Esta cabecera centrada en héroes adolescentes como Robin, Kid Flash y Wonder Girl junto a otros de nueva creación como Cyborg, Starfire, Raven o el villano Deathstroke pronto se convirtió en una de las favoritas de los lectores con ventas que superaban a las de personajes más consagrados. La labor de Pérez, quien también participaba en la elaboración de los argumentos, dotaría de personalidad propia a unos personajes que hasta la fecha apenas eran más que una proyección de sus versiones adultas, dando pie a clásicos del género con historias como El Contrato Judas o ¿Quién es Donna Troy?


Por ello era lógico que cuando DC decidió relanzar la continuidad de su universo editorial, Wolfman y Pérez fuesen los elegidos para la operación. La plasmación en viñetas de Crisis en Tierras Infinitas, serie limitada que incluía a TODOS los personajes de su universo era una labor gargantuesca solo apta para valientes que Pérez cumplió con creces dotando de espectacularidad y coherencia al ambicioso guión de Wolfman. Un trabajo que ambos prolongaron en forma de ese ambicioso apéndice titulado Historia del Universo DC, dos enciclopédicos álbumes en prosa con ilustraciones imprescindibles para comprender la nueva editorial. Todo ello mientras continuaba su labor con los Titanes sin que esta última se resintiese un ápice.


Ante el buen resultado editorial, DC decidió confiar en Pérez para el relanzamiento de uno de sus principales iconos: Wonder Woman. Una labor que acometió como autor completo recuperando las raíces mitológicas de las primeras historias del personaje y devolviendo a Diana Prince el puesto de relevancia editorial que merecía. Aunque Pérez solo ejerció como dibujante durante los dos primeros años su labor como guionista se extendió durante sesenta números centrados en el contraste entre la idealista protagonista y el desconcertante mundo moderno y relanzando a villanos como Hades y Cheetah. Por desgracia, imperativos editoriales como el crossover La Guerra de los Dioses y diferencias de opinión en el devenir de los argumentos acabaron propiciando la salida del autor tanto de la serie como de la editorial.


Tras más de una década de ausencia, en los 90 Pérez retornó a Marvel encargándose de proyectos excepcionales como El Guantelete del Infinito (cuyos dos últimos números no pudo completar por problemas de fechas), Hulk: Futuro Imperfecto o la peculiar miniserie Sachs & Violents, provocadora mezcla de acción y erotismo creada junto a Peter David para Epic, el sello de autor de Marvel. También se dejaría seducir por el boom de las editoriales independientes haciéndose cargo de Ultraforce, serie grupal que reunía a los principales personajes de la fugaz Malibu Comics.


Sin embargo, su retorno triunfal se produciría con su regreso a Los Vengadores, aceptando junto a Kurt Busiek la tarea de devolver a la cabecera su gloria pasada tras años de declive rematados por el fallido experimento editorial Heroes Reborn. De nuevo Pérez volvió a dejar marca en la franquicia gracias a su buen hacer en historias como Ultrón Infinito, recuperando el mejor sabor del cómic de superhéroes clásico durante tres años. Una etapa coronada por otro hito: el espectacular y largamente aplazado crossover JLA/Vengadores. Un proyecto que Pérez llevaba veinte años y dos intentos frustados por problemas editoriales intentando sacar adelante y que resultó en uno de sus mejores y más memorables trabajos.


Tras breves colaboraciones en compañías independientes como Gorilla Comics y CrossGen Comics, en 2006 regresó a DC donde se hizo cargo de la nueva cabecera de The Brave and The Bold, proyectos especiales como Crisis Final: La Legión de los 3 Mundos y el relanzamiento de Superman durante el inicio de los Nuevos 52 (una breve etapa que desgraciadamente se vio truncada por la falta de entendimiento con los editores). La novela gráfica Nuevos Titanes: Juegos, donde junto a Wolfman retornaba a sus queridos personajes para contar una historia en la que ambos llevaban dos décadas trabajando, así como la miniserie de ciencia ficción Sirens para Boom! Studios constituyen los dos últimos grandes trabajos de su trayectoria.

Una trayectoria que incluye facetas menos conocidas como guionista, entintador e ilustrador de cubiertas así como su labor al frente de Hero Initiative, organización no gubernamental dedicada a proteger los derechos y la situación laboral de autores del mundo del cómic mediante asesoramiento legal, coberturas médicas y ayudas económicas. Un autor cuyo prestigio y calidad solo se ve superado por su humildad y constancia profesional, además de generar una empatía y un cariño hacia los aficionados del que, quien esto escribe, puede dar testimonio de primera mano gracias a las frecuentes visitas que Pérez ha realizado a las Jornadas del Cómic de Avilés. Su retirada, provocada principalmente por la incapacidad de afrontar el nivel de exigencia profesional que el propio autor se exige a sí mismo, supone pues una perdida más que notable que nos invita a repasar el legado de unos de los autores más completos e influyentes de cuantos han pisado jamás el cómic (no solo) norteamericano de superhéroes.


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