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Equipo Rojo: La otra cara de la ley

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 06/07/2019
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A la hora de analizar la obra de Garth Ennis existe una impresión generalizada que obliga a dividir la misma en dos grandes apartados. En un lado estaría el Ennis más irreverente, salvaje, paródico y divertidamente violento responsable de historias como Las Aventuras de la Brigada del Rifle o Sección Ocho. En el segmento opuesto encontraríamos historias crudas, dramáticas, realistas y cargadas de violencia sin atisbo alguno de ironía. Allí se englobarían títulos como War Story o Punisher MAX. Precisamente esta última es la que a priori más se asemeja a Equipo Rojo si comparamos sus respectivas premisas. Y conviene subrayar lo de a priori ya que, pese a ciertos elementos comunes, el título que nos ocupa pronto se revela como una clase de animal distinto.

Equipo Rojo, el más reciente trabajo del guionista irlandés para la editorial Dynamite Entertainment, propone un acercamiento a la serie negra partiendo de uno de sus convenciones más moralmente peliagudas: la del policía que decide impartir su propia justicia al margen de la ley. Hartos de su incapacidad a la hora de atrapar al narco más poderoso de Nueva York, cuatro condecorados agentes de narcóticos deciden cruzar la línea y convertirse en justicieros. Tras liquidar a su objetivo con éxito deciden proseguir su labor al margen de la ley iniciando un camino de consecuencias tan imprevisibles como peligrosas.


Como se puede ver no hay nada especialmente original en una premisa mil veces vista previamente en obras de toda clase y condición. Hasta podría pensarse en los protagonistas como una suerte de sosias múltiple de Punisher, personaje del que Ennis fue cronista durante casi una década. Pero a diferencia de Frank Castle, los protagonistas de Equipo Rojo no son una suerte de fuerza de la naturaleza infalible en su lucha contra el crimen. En vez de una figura casi legendaria cuya sola mención infunde temor, los detectives Eddie Melingert, Trudy Giroux, Duke Wylie y George Winburn son escritos como personas de carne y hueso. Profesionales concienzudos que llevan a cabo eficazmente un trabajo muy peligroso, sí. Pero también individuos imperfectos y falibles que albergan dudas, defectos y para los que su autoimpuesto papel como juez, jurado y verdugo plantea no solo riesgos físicos sino también mentales. Un retrato detallado de personajes que aleja la obra del típico cliché esquemático perpetuado por las añejas películas de la Cannon Films y similares.


De esa manera el guionista centra su principal esfuerzo en la caracterización de los personajes, describiendo la minuciosa labor de preparación de cada acción del grupo (vigilancia, obtención de armas que no dejen indicios, establecer rutas de escape, etc.) con una verosimilitud que resulta inquietante. Pero también ocupándose de mostrar el clima de impotencia frente a las argucias de los criminales, el choque entre diferentes formas de concebir la labor policial y, sobre todo, la relación entre los protagonistas y el impacto que su labor extraoficial tiene en su vida personal. Así, la tensa relación entre Eddie y su esposa, los prejuicios a los que Trudi tiene que hacer frente por su mera condición de mujer, las discusiones entre los protagonistas sobre cómo y sobre quien realizar sus acciones clandestinas o las sospechas que esto último genera entre el resto de policías acaban pesando más en el resultado global que las escenas de palizas, estrangulamientos, apuñalamientos y tiroteos que ocasionalmente salpican (literal y figuradamente) la trama.


Con un ojo puesto en el cine de directores como Sidney Lumet así como en recientes obras televisivas del género como The Wire o Los Soprano, Equipo Rojo es una obra densa y de ritmo pausado que concede a las escenas de diálogo un papel fundamental en la narración. Una opción creativa que se traduce en numerosas páginas donde la acción se limita a dos o más personajes conversando en la calle o alrededor de una mesa. Algo que visualmente puede llegar a convertirse en un hueso duro de roer para el dibujante, obligado a elaborar páginas habitadas por bustos parlantes sin apenas movimiento. Por suerte y a pesar de su corta experiencia, Craig Cermak consigue visualizar las mismas poniendo énfasis en la expresividad de los rostros y procurando dotar de dinamismo visual (diferentes encuadres, distancia de los personajes) a escenas que no lo tienen, siempre al servicio del argumento y los diálogos. Una labor que, unida a su versatilidad para dibujar cualquier tipo de escenario, recuerda a la estupenda compenetración que existía entre Ennis y el malogrado Steve Dillon.


Inicialmente publicada en 2014 como miniserie de siete entregas, Equipo Rojo conoció un segundo volumen de nueve números también a cargo del mismo equipo creativo. Una nueva historia donde los supervivientes de la anterior aventura deben lidiar con las consecuencias de aquella cuando un caso rutinario sufre un giro inesperado que vuelve a situarles al borde de la ley. Una trama en la que, de nuevo, las relaciones personales vuelven a tener tanto peso como la intriga criminal, con las acciones de lo primero determinando las el devenir de lo segundo y viceversa. La reciente publicación de la misma en nuestro país de la mano de Planeta Cómics supone una ocasión perfecta para acercarse a un trabajo que desprende solidez y autenticidad en cada viñeta, logrando sacar lo mejor de un género supuestamente trillado pero al que aún le queda mucha vida.


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