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Ka-Zar de Waid y Kubert: Aventuras en la gran ciudad

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 01/02/2020
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AVISO: Éste artículo contiene posibles spoilers. En él se revelan aspectos argumentales que el lector podría preferir descubir por sí mismo.

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Como parte de su línea de reediciones Heroes Return, Panini Cómics inicia este 2020 con la recuperación de Ka-Zar, primera (y última hasta la fecha) serie regular dedicada a uno de los secundarios más curiosos del universo Marvel, autentico eslabón perdido entre los añejos héroes de la literatura pulp y los primeros superhéroes.

Claramente inspirado en el Tarzán de Edgar Rice Burroughs, Ka-Zar (o más bien su versión original) tiene el honor de ser uno de los primeros personajes creados por Timely Comics (nombre original de la actual Marvel), debutando en 1939 en las páginas del seminal Marvel Comics #1 junto a Namor y la Antorcha Humana original. Sin embargo el personaje con el que los lectores están familiarizados es una suerte de remake de aquel que Stan Lee y Jack Kirby introdujeron en 1965 en las páginas de X-Men #10 USA.


Esta segunda versión retenía sus raíces pulp como Kevin Plunder, hijo de un noble británico criado desde bebe entre las fieras de la Tierra Salvaje, ignota región de la Antártida que posee un clima tropical y (en otro guiño a Burroughs, esta vez a su saga literaria Pellucidar) mantiene intacto un ecosistema donde perviven toda clase de animales prehistóricos como Zabú, un tigre dientes de sable que ejerce como compañero y figura paternal (sic) del protagonista. Secundario ocasional en series como Vengadores o la citada X-Men, junto a su compañera Shanna la Diablesa (inspirada a su vez en Sheena, la reina de la jungla) el personaje protagonizaría en la década de los 70 sus propias aventuras en la cabecera colectiva Savage Tales a cargo de autores como Doug Moench, Jerry Conway, John Buscema o Mike Zeck. Pero no fué hasta la segunda mitad de los 90 que finalmente obtendría una cabecera propia.


Con el paso cambiado tras la decepción que supuso el polémico Heroes Reborn, en 1997 Marvel decidió dar un revulsivo a sus series relanzando cabeceras clásicas -Vengadores de Kurt Busiek y George Pérez, Capitán América de Mark Waid y Ron Garney, Los Defensores de John Ostrander, Alpha Flight de Steven Seagle) junto a nuevos títulos como Thunderbolts, Masacre o Ka-Zar, estando esta ultima a cargo del citado Waid y Andy Kubert. Aprovechando una libertad creativa insólita en la editorial solo un par de años antes, Waid propuso un acercamiento al personaje que, sin despreciar su trayectoria previa, buscaba darle un toque más actual y explorar nuevas facetas del mismo empezando por situarlo en un entorno completamente distinto.


Tras un inicio donde deben hacer frente al intento de secuestro de su hijo recién nacido por parte de Gregor, el antiguo mentor de Kraven el Cazador, Ka-Zar y Shanna viajan a Nueva York para buscar al responsable: Parnival Plunder, hermano del propio Ka-Zar convertido en un poderoso magnate criminal. En realidad todo obedece a un plan de este último para saquear la Tierra Salvaje en ausencia de sus protectores y hacerse con una serie de recursos que Parnival ha prometido a su misterioso asociado. Junto a encuentros con otros personajes como Rhino, Waid centra la trama en la relación entre la pareja protagonista y las diferencias entre ambos, con un Ka-Zar que redescubre los placeres y comodidades de la vida moderna pese a comportarse como un salvaje mientras que Shanna echa de menos la sencillez de la Tierra salvaje pese a desenvolverse en la civilización mucho mejor que su marido. Un toma y daca cargado de humor que Waid complica aún más cuando Ka-Zar observa celoso como su esposa recobra su relación con un viejo compañero de universidad, un abogado ciego llamado… Matt Murdock.


El carismático tratamiento de secundarios como el citado Parnival y las irónicas replicas que pueblan sus diálogos o Zira, la sirviente que actúa como cuidadora de Matthew, el hijo de los protagonistas, se complementa con el dibujo de un Andy Kubert en plena consagración. Dejando atrás la influencia clara tanto de su padre y mentor como las imposiciones editoriales de estilo de los autores Image, el hijo menor de Joe Kubert desarrolla aquí un estilo propio que destaca tanto por la expresividad y detalle de personajes y escenarios como en su dinámica composición de página con diferentes formatos de viñeta. Una combinación que le ha convertido en uno de los narradores mejor valorados del cómic norteamericano actual.


Planificada de principio a fin como una única historia, la trama da un giro inesperado con Jungla Urbana (#8-11 USA), arco donde se descubre que el misterioso socio de Parnival es el mismísimo Thanos. Atrapado en una limbo cósmico (que se correspondía con el limbo editorial al que el personaje había sido relegado tras el cierre de las series cósmicas de Marvel apenas unos años antes) el titán loco manipulaba a Parnival para hacerse con la tecnología terraformadora de la Tierra Salvaje y no solo poder escapar su prisión, sino también rehacer mundos enteros a su capricho, cosa que comienza convirtiendo Nueva York en una jungla prehistórica. A priori la idea de que Thanos se mida con Ka-Zar puede resultar absurda, pero tal es la pericia de Waid que consigue no solo que funcione, sino también que resulte perfectamente lógico que un sosias de Tarzán pueda derrotar a un villano que ha puesto de rodillas a galaxias enteras.


La conclusión de la etapa con el regreso a la Tierra Salvaje y el encuentro con un Alto Evolucionador fascinado por el nuevo estatus casi divino adquirido por Shanna tras su encontronazo con las fuerzas cósmicas en la aventura previa, culmina en el #14 cerrando una etapa tan breve como tremendamente divertida y espectacularmente dibujada (aunque las puntuales sustituciones de Kubert en algunos números rebajen el nivel) que pese a su calidad tuvo unas ventas más bien discretas. Tras la marcha de ambos autores la editorial intentó prolongar la cabecera pasando las riendas de la misma a unos Christopher Priest y Kenny Martínez que no pudieron impedir la cancelación apenas seis números después, incapaces de llenar el hueco dejado por sus predecesores. Una infravalorada etapa apenas conocida que su recuperación por parte de Panini ayudará a poner en valor para muchos lectores que posiblemente ni siquiera conociesen su existencia.


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