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Empire: El día después de la conquista

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 16/05/2020
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La idea de que un supervillano conquiste el mundo es quizá uno de los elementos más tópicos en la historia del cómic de superhéroes. Como recurso dramático tiene un gran potencial que, sin embargo, solo acaba siendo utilizado como contrapunto para apuntalar la figura del superhéroe, añadiendo más dramatismo al camino hacia su inevitable triunfo. Un escenario condicionado a ser efímero si además hay que tener en cuenta la connotaciones que implica aplicarlo a un universo de ficción tan extenso y múltiple como puedan ser los de Marvel o DC. Es por ello que habitualmente este tipo de premisa quede restringido bien a historias puntuales tras las que rápidamente se recupera el estatus quo inicial o bien sea directamente relegado al cajón de las continuidades alternativas sin implicación real como las vistas en la serie What If\? o el sello Elseworlds.

Pero… ¿Y si un supervillano lograse DE VERDAD conquistar el mundo habiendo aplastado cualquier posible oposición que deshiciese su victoria? A priori la pregunta sería saber como lo ha conseguido. Pero lo verdaderamente interesante a largo plazo sería preguntarse qué pasaría después. Y eso es exactamente lo que hicieron Mark Waid y Barry Kitson cuando crearon Empire, serie donde un villano acorazado llamado Gólgota ha logrado someter el planeta tras haber matado a todos sus enemigos e imponer un régimen mundial frente al que solo quedan ya un puñado de escasos y debilitados países a punto de ser barridos del mapa.


Debido a lo absoluto de su premisa, Empire nació como un proyecto independiente con su propia continuidad y personajes originales. La elección original para su publicación fue Gorilla Comics, proyecto creado en el año 2000 junto a autores como Kurt Busiek, Stuart Immonen, Mike Wieringo y George Pérez para lanzar propuestas propias de diferentes temáticas como Tellos, Shockrockets o Crimson Plage. Sin embargo, pese a la buena calidad media de sus títulos, Gorilla Comics cerró sus puertas apenas un año después debido a la falta de liquidez, habiendo publicado solo dos números de la serie que nos ocupa. Por suerte la buena relación de Waid y Kitson con DC Comics hizo que esta no solo se interesase en recuperar el proyecto, sino que también permitiera a sus responsables mantener la libertad narrativa y los derechos de autor con los que había sido concebida. Gracias a ello, en 2003 el proyecto renació de sus cenizas en forma de miniserie de seis números acompañada por un nº 0 que reeditaba los dos capítulos previamente publicados por Gorilla.


Empire se inicia diez años después de la victoria total de Gólgota y sus tropas sobre las principales naciones del planeta. Una victoria posibilitada por la derrota de Endymion, el superhéroe más poderoso del planeta, y que el temible protagonista mantiene mediante una férrea dictadura que erradica violentamente cualquier tipo de oposición. Un control total posibilitado gracias a sus principales secuaces, peligrosos villanos encargados de dirigir los principales ministerios del régimen (que incluyen actividades como el espionaje, la guerra ó la manipulación de los medios) y cuyos actuales esfuerzos se concentran el exterminar a la alianza de los escasos ejércitos rebeldes asentada en Groenlandia.

Pese a lo poderoso de su premisa inicial, el guión de Waid logra tener una entidad propia más allá del impacto de esta, centrándose en la peculiar relación de Gólgota y sus principales subordinados que rápidamente certifican con sus actos y palabras su carácter cruel y miserable. Desde el siniestro torturador Tumbril al manipulador cibernético Kafra, pasando por la asesina Xanna, el implacable estratega Lucullan, la astuta Grieze o el arribista recién llegado Lohkyn, todos se mueven en base a sus propios intereses, naciendo la lealtad hacia su jefe de una inestable mezcla entre admiración, miedo y adicción a una droga potenciadora llamada Eucaristía (sic) cuyo origen y control está en las manos exclusivas del dictador.


Pese a la pertenencia al género superhéroico y el uso de una estética de llamativos colores en los trajes de los personajes, los protagonistas de Empire no recuerdan visualmente a supervillanos estándar del género, evitando cualquier tipo de referencia previa salvo en el caso del protagonista, cuyo concepto acorazado y su personalidad mezcla de megalomanía, frialdad y porte aristocrático remiten claramente al Dr. Muerte marveliano (aunque estéticamente su dorada armadura le asemeje más al Manga Khan de la Liga de la Justicia); y de su difunto archienemigo, claro trasunto de Superman. Un personaje al que Waid sabe dotar de un aura de poder y misterio (nunca llegamos a ver su rostro) fascinante y cuyo único resquicio de humanidad es el recuerdo de su difunta esposa y el cariño que siente por Delfi, su hija adolescente a la que trata como una princesa envuelta en algodones que quizá no sea tan inocente como quiere pensar.


A lo largo de sus ocho episodios Waid teje una red de juegos de poder, conspiraciones y traiciones sobre traiciones salpicada de escenas de violencia y sexo explícito (mas lo primero que lo segundo, eso sí) pero donde la importancia reside en el tira y afloja entre los personajes, lobos con piel de cordero que fácilmente pueden pasar de asesinos a víctimas y sobre los que se ha logrado cierta complicidad de cara al lector gracias a la labor de caracterización del guionista. Por otro lado el trabajo de Kitson, aunque de entrada parezca demasiado ligero y luminoso para un argumento y personajes como los presentes, contribuye a ello potenciando una lectura de ritmo eficaz que deja espacio para paréntesis tan destacados como el dedicado a repasar la relación entre Gólgota y Endymion donde se desvela el trágico destino del héroe. La agridulce conclusión de la serie, que ratifica el nuevo orden del villano a costa de su última brizna de compasión, resulta un cierre tan adecuado como compacto pese a dejar la sensación de que sus autores apenas han a escarbado la superficie del interesante escenario construido para la ocasión.


Aunque Empire acabaría conociendo una breve secuela en forma de webcomic para la plataforma digital Thrillbent (y que puede leerse aquí), lo cierto es que todo indica que Waid ha acabado reciclando la mayoría de sus ideas sobre ese mundo sojuzgado por un supervillano en el posterior díptico formado por Irredeemable e Incorruptible. Algo que dificulta aún más el regreso de Gólgota y sus esbirros a la palestra dos décadas después de su aparición. En perspectiva quizá sea lo mejor, con su naturaleza de obra aislada convirtiendo Empire en un título de merecido culto que preserva intacta tanto su calidad como su insólita ruptura de las normas del cómic de superhéroes.


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