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Series son Amores - La Conjura Contra América: ¿De lo que pudo pasar o de lo que está pasando? Comic Digital
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Series son Amores - La Conjura Contra América: ¿De lo que pudo pasar o de lo que está pasando?

David Simon nos adentra en la historia alternativa de Estados Unidos

Un artículo de José María Amores Casado - Introducido el 19/05/2020
Series son Amores - La Conjura Contra América: ¿De lo que pudo pasar o de lo que está pasando?

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Antes de empezar, ¿sabemos quién es David Simon? ¿No? Bueno, hablemos antes del boom de las series. Todo empezó cuando nuestros amigos de Netflix decidieron subir temporadas al completo con todos sus capítulos desde el primer día. Los adictos con tiempo (o los que no lo teníamos pero lo buscábamos) empezamos a devorar series, decenas y decenas de episodios, unos tras otro, temporada tras temporada. Comenzamos a tener mogollón de propuestas, con cliffhangers entre capítulos que nos obligaban a ver el siguiente, sin importarnos la hora de la noche que fuese o los minutos que quedaban para que sonase el despertador. Comenzó una era loca, de consumo en masa de forma dispar, pero antes de esa épica también había series, y muy grandes.

Antes de ese big bang con las series, el panorama también era amplio pero los espectadores éramos menos, disponíamos de menos medios para encontrar las producciones que nos gustaban y las plataformas de VOD no existían, por lo que o la veías cuando tocaba o la tenías que comprar/alquilar. En los 90 David Simon lanzó Homicidio (con el grande Richard Belzer), una serie que por aquí pasó sin pena ni gloria pero que le reportó bastante crédito a Simon para poder lanzar su obra magna: The Wire (2002-2008). Ahora, ¿quién no ha visto The Wire? ¡¡Pues muchos!! Se trata de una de las series más reconocidas por la crítica y que en su momento se perdió en el tiempo, no obtuvo el reconocimiento de los espectadores y logró mantenerse en antena de mala manera.


Sin embargo, con el paso de los años se ha revelado como una gran obra, de culto para algunos y que en su segunda venida ha tenido más éxito que cuando estaba en antena. Este renacer es propio de muchas obras que se entierran en el polvo de una bodega y que con los años envejecen muy bien y salen al tiempo reclamando su sitio. David Simon es un experto en hacer obras de este talante. Tras la gran The Wire, nos trajo Treme (2010-2013) y la reciente The Deuce (Las Crónicas de Times Square, 2017-2019), ambas con la misma historia vivida por The Wire: una serie diferente, con empaque, bien realizada pero que no lo peta y sólo la crítica y algunos fieles la llevan en volandas sin un apoyo mayoritario de los espectadores. ¿Tendrán una segunda vida estas series? Habrá que esperar a que envejezcan... otra vez. ¿Le pasará lo mismo a La Conjura Contra América? Es muuuuy posible, y ahora os cuento porqué.

Simon no tira ahora de una historia original sino que nos trae la ucronía del reputadísimo Philip Roth escrita en 2004 con el mismo título. Nota, una ucronía es una reconstrucción de la historia en base a acontecimiento reales de la misma pero que suceden de un modo alternativo y a partir de ahí se cuenta la historia ficcionada, por ejemplo la victoria nazi en la segunda guerra mundial (The Man in the High Castle, 2015-2019).


Simon nos lleva a primeros de los 40 y nos plantea un what if interesante que será el hilo conductor de toda la serie. La gran hazaña del creador de la propuesta en esta ocasión ha sido la de permitirnos hacer una lectura profunda sobre lo que cuenta la historia original de Roth (recordemos, 2004) y lo que pasa hoy en día en la sociedad y política norteamericana usando el reflejo de los acontecimientos históricos (y ucrónicos) de los años 40.

La obra de Simon recae sobre un llamativo elenco, una dirección que consigue sacar lo mejor de (casi) todos los actores y una producción de primera que recrea la época de forma magistral. La serie está planteada para que no haya ni un sólo protagonista, sino que vemos a unos personajes mostrarnos el cómo comienzan viviendo y sintiendo esa época cambiante y que, con el devenir de los acontecimientos, se van revelando cada uno a su forma acerca aquello que les atrapa en una espiral cada vez más descorazonadora. Porque lo cierto es que ninguno de los personajes que nos presenta tiene la misma visión y sentimiento sobre lo que pasa a su alrededor, ninguno. Los padres, los tíos, los niños, el rabino, los políticos... Todos toman una posición diferente que de un modo u otro irá cambiando o ampliando.


Las actuaciones están muy acertadas y de todas me llaman la atención la del matrimonio Levin: Morgan Spector (Herman) y Zoe Kazan (Bess). A Morgan lo conocemos por los papelillos que le han ido dando en series a lo largo de estos años y quizás sea más reconocido para los seguidores de Boardwalk Empire (donde hizo de Frank Capone), La Niebla o sobre todo por la séptima temporada de Homeland. Ahora nos interpreta a un padre de familia, comprometido con su fe, su país y la libertad y sufre por ver cómo todo acelera hacia el colapso de todo en lo que cree, y será ese compromiso lo que haga que se generen conflictos dentro del entorno familiar (literalmente con todos) ya que cada uno vive y afronta la realidad de una forma diferente. Su interpretación es pasional y enérgica, dando mucha vida al personaje.

Le sigue el ritmo una Kazan que también lo hace muy bien. Al igual que Spector, la hemos estado viendo en muchos papelillos hasta que ha entrado fuerte en las series y que acompañó a Simons en The Deuce interpretando a Andrea, un papel diametralmente opuesto al que interpreta ahora en esta serie donde lo hace francamente bien, dando credibilidad a su personaje y teniendo momentos muy buenos. Aquí interpreta a Bess, esposa modélica de Herman, madre sufrida e hija devota, que trata por todos los medios de mantener la unidad familiar y sufre con el drama familiar que se les viene encima: un cuñado revoltoso que tontea con los bajos fondos y se enfrenta a su manera contra el nacismo, un hijo mayor abducido por el canto de sirena de aquellos a los que odia su esposo, un hijo pequeño que no sabe qué demonios pasa con todo el mundo, una madre con problemas de salud mental y una hermana digamos algo errática en sus relaciones personales.


Otros dos actores a destacar, más por el cariño que se les tiene que por el peso de su trabajo son John Turturro y Winona Ryder, que quedan en un más que merecido segundo plano frente a los dos anteriores. Lo cierto es que tenía ganas de ver de nuevo en acción a Turturro, pero aunque tiene un papel interesante ha contado con menos peso en pantalla y tampoco podemos decir que haya sido el papel de su vida. En el mismo tono tenemos a Winona, que aunque no cuente con un registro interpretativo amplio (sigue con su cara de “yo no he sido, señor agente”) le da un poco de vidilla a parte de la historia, pero deja pasar una oportunidad de firmar una interpretación dramática de nivel en un par de momentos. Una pena lo de estos dos, podrían haber conseguido algo más. El resto del plantel lo hace muy bien y veremos algún que otro rostro que nos suena.

La dirección recae sobre Minkie Spiro que firma los tres primeros capítulos y Thomas Schlamme (muy metido en El Ala Oeste en labores de producción y con un emmy por su dirección en el piloto de la serie) que se ocupa de los tres últimos. Ambos realizan una buena tarea aunque el ritmo de la narración sea desproporcionadamente lento. La composición de los episodios va mejorando con el paso de los mismos y nos deja un episodio final con una propuesta bastante abierta a la interpretación del espectador (que te puede gustar más o menos, pero que debes valorar por ti mismo).


La historia en sí se nos hace lenta, y si no eres de los que te entretienes leyendo entre líneas o disfrutando de diálogos o interpretaciones, insisto, si lo que buscas es resolver una trama o que te cuenten una buena historia, te vas a aburrir mogollón. No es que sea una serie de pensar, pero casi.

Como buena ucronía, utiliza representaciones precisas de la época con una producción notable y un escenario histórico de altura, que centra el foco en la lucha por la presidencia de EEUU entre Roosevelt y Charles Lindberg; por ejemplo, Lindbergh era, en realidad, muy antisemita, llegando a ser líder del movimiento America First (no os suena de algo), creado en 1940 después de que Hitler hubiera invadido Polonia, y que abogaba porque Estados Unidos no debía intervenir de forma activa en el conflicto militar y en cambio tomar una posición neutral en la Segunda Guerra Mundial. Creía en la eugenesia, que Alemania tenía un problema "judío" y era amigo cercano de personalidades antisemitas (entre ellas el propio Henry Ford). Todo este trasfondo queda muy bien reflejado en la serie y Simon borda como los mejores ese paralelismo figurado entre lo que narra sobre los 40 y lo que podemos ver hoy en día.


Pero, ¿de qué va La Conjura Contra América? Es verano de 1940 y Herman (Morgan Spector) es un vendedor de seguros que está a punto de conseguir una promoción en su empresa. En Europa, la guerra avanza y la población de EE.UU. se divide entre los que ven una amenaza el cada vez más descarado movimiento filonazi disfrazado de buenas palabras que trae un candidato a relevar en el poder a Roosevelt y los que ven reflejados en esos discursos precisos y cortos (“las mismas 47 palabras”) un cambio necesario para bien eludiendo lo que pasa fuera de sus fronteras y reforzando el mensaje preocupante de la raza y el orgullo. Herman sufre con la pasividad y ceguera de la sociedad en la que vive y va viendo como cada vez con mayor rapidez los cambios se suceden a peor en un reflejo de lo que sucedió en Alemania. Tan centrado en enfrentar esa realidad, se ciega a los efectos que se producen en su familia y todo comienza a enturbiarse cuando Lindberg gana las elecciones.

En definitiva, la serie es buena pero no para todos los gustos. Si te animas a verla, que sea con ganas porque como lo que quieras buscar es un thriller con nazis o un politiqueo a lo Ala Oeste... mejor no le des al play.


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