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21st Century Boys Comic Digital
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21st Century Boys

Kenji se embarca en una última misión para salvar a la humanidad

Un artículo de José María Pérez Cuajares - Introducido el 03/07/2020
Etiquetas: 21st Century Boys / Manga /

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Con la aparición de este primer y único volumen de 21st Century Boys, decimosegundo si tenemos en cuenta la serie original, Planeta ha cumplido la promesa que en octubre de 2017 lanzó a los aficionados de publicar el primer tomo de la nueva edición de la que para mi gusto es la mejor serie de Naoki Urasawa. Se trataba de una edición a la altura del material, en formato Kanzenban, de mayor tamaño y nueva rotulación, con un diseño sencillamente soberbio. En tiempos como los que corren, da gusto ver como las grandes editoriales tienen en cuenta los deseos de los lectores, siempre caprichosos en sus exigencias y demandas pero, lo que es más importante, se comprometen a finalizar las nuevas ediciones que lanzan de sus productos, permitiendo como es mi caso, que luzca en mis estanterías una colección completa de una de mis series favoritas de todos los tiempos. Antes de comenzar, dejemos claro que, a pesar del cambio de nombre, este volumen no es sino el capítulo final de la serie original. Concluyen así casi tres años en los que hemos podido disfrutar de nuevo, tomo a tomo, de una inimitable mezcla de suspense y acción, en la que el maestro Urasawa nos ha dejado sin duda un soberbio trabajo.


Al final del tomo anterior, acompañábamos a Kenji, Maruo y el resto de “salvadores de la humanidad”, derribando un gigantesco platillo volante que, de nuevo, amenazaba con acabar con toda la vida sobre la tierra. Se trataba del último plan puesto en marcha por Amigo para demostrar su superioridad al mundo, pero quedaban demasiadas preguntas en el aire por responder antes de que este climático final diera por finalizada la serie, o al menos eso parecía. ¿Quién era el nuevo Amigo que había suplantado al original?, ¿Era este el final de las amenazas incluidas en el nuevo Libro de las Profecías?. La respuesta vino en forma de nueva serie, que continuase y diera respuesta a éstas y muchas otras cuestiones, planteadas durante meses por los lectores más exigentes. Urasawa disponía ahora de quince nuevos capítulos y más de 400 páginas para cerrar las incontables tramas abiertas y dejar satisfechos a los fans. Después de la explosión provocada por el falso ovni, asistimos al fin del gobierno de Amigo, y los ciudadanos de Tokio son liberados, aunque nuestros protagonistas tendrán poco tiempo para la alegría. El nuevo Libro de las Profecías aún contenía una amenaza más en sus últimas páginas: “Una bomba de antiprotones arrasará el mundo”. Para tratar de localizar y desactivar la bomba, Kenji se verá obligado a regresar una última vez al mundo de su infancia, gracias a la atracción virtual, y encontrase con el malogrado Manjome y con las versiones infantiles de sus amigos, y hasta la suya, para que le ayuden en esta arriesgada misión.


Todos los personajes están de vuelta en estos capítulos finales, incluso aquellos de los que hace tiempo que no sabíamos nada, como la pareja de mangakas que, en un brillante ejercicio metanarrativo, aseguran que su historia “no puede acabar simplemente con el protagonista salvando el mundo”, y en pleno clímax de la historia aguardan al “defensor de la justicia que nos salvará del peligro”. También volveremos a la tienda de los viejos, a averiguar de una vez por todas quien robó la insignia, y sabremos quién escribió el nuevo Libro de las Profecías, y el nombre del extraño niño escondido tras la máscara que inició esta gigantesca historia. Resulta un verdadero placer volver una última vez a los rincones creados por Urasawa, a su peculiar universo, y dejarnos emocionar por un Kenji que asegura se ha dedicado a “huir sin parar” durante todo el relato. Sin embargo, lo que más me regocija como lector, justo antes de cerrar este último tomo, es conocer todas las respuestas, al más puro estilo “quién lo hizo”, y preguntarme si encajan o no correctamente todas las piezas del puzle. No veo la hora de ponerme otra vez con el primer tomo de 20th Century Boys y comprobarlo.


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