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Pantera Negra: El reinado de Hudlin

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 06/09/2020
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De todas las etapas que forman la trayectoria editorial de Pantera Negra durante sus cinco décadas de existencia, una de las más relevantes ha sido la comandada por el guionista Reginald Hudlin. Y lo es tanto por su extensión como por la forma en que logró que tanto el personaje como todo su imaginario particular cobrasen una presencia mucho mayor dentro del universo Marvel.

Tras el cierre de su serie previa bajo el sello Marvel Knights y en paralelo a nuevos planes de cara a su adaptación al cine, la editorial decidió relanzar el personaje. El elegido para la ocasión fue Reginald Hudlin, guionista afroamericano procedente el mundo del cine y la televisión en lo que parecía otro golpe de efecto del entonces editor jefe Joe Quesada de buscar talento de otros medios (Kevin Smith, J. M. Straczynski, Joss Whedon) para inyectar creatividad en sus cómics. Aunque el grueso de su trayectoria previa estaba centrada en el género de la comedia, Hudlin también se había caracterizado por su intención de potenciar la visibilidad de la comunidad afroamericana, un rasgo que vio la posibilidad de desarrollar gracias a la marcada identidad africana del personaje sin por ello renunciar a sus aspectos más mainstream.


Con ese enfoque en mente, en 2005 se iniciaba el cuarto volumen del personaje con ¿Quién es Pantera Negra\?, historia de aclaratorio título dibujada por John Romita Jr. con la que el guionista repasaba las raíces del personaje al tiempo que incidía en su papel como monarca de la nación de Wakanda. Con un ojo puesto en la definitoria etapa firmada por Don McGregor en los años setenta, Hudlin planteó una trama donde T´Challa hacía frente a una coalición de villanos liderada por Klaw con la intención de destronarle con el apoyo de varias potencias del primer mundo, dispuestas a hacerse con el control de Wakanda, sus recursos naturales y su avanzada tecnología. Pese a ciertos deslices de continuidad (la presencia de unas versiones del Caballero Negro y Hombre Radiactivo sin relación con los integrantes homónimos de Vengadores y Thunderbolts), el arco inicial constituía un perfecto punto de entrada para lectores profanos, actualizando la premisa básica del personaje añadiendo elementos de cosecha propia como Shuri (la hermana pequeña del protagonista rápidamente convertida en la secundaria más popular la de la cabecera) y dotando de mayor entidad a la dimensión política del personaje y las complicaciones derivadas de dicho estatus.


La siguiente saga (#10-13) dibujada por Scott Eaton fue planteada por Hudlin como un divertido homenaje al añejo cine blaxploitation, con T´Challa realizando un viaje por EE.UU. que le lleva a cruzarse con otros personajes de raza negra como Luke Cage, El Halcón, Blade, el Hermano Vudú, Mónica Rambeau o Shang-Chi (que es asiático, pero la “brucexplotation” es pariente no tan lejana de aquella) mientras pondera un futuro que le exige casarse para asentar su linaje como gobernante. Este último detalle supuso el siguiente punto de inflexión argumental, logrando gran repercusión mediática con La Novia de la Pantera (#14-18), arco centrado en la boda entre T´Challa y Tormenta, integrante de la Patrulla-X. Un romance que se había insinuado desde la ya lejana etapa de Chris Claremont y John Byrne pero nunca se había concretado por la separación entre diferentes líneas editoriales, cosa que Hudlin había preparado mediante un cruce previo con X-Men en los números #8-9. Una historia no exenta de humor referente a las vicisitudes de ambos pretendientes previas al compromiso que sirvió asimismo para expandir las costumbres y cultura de la imaginaria nación africana. Pero sobre todo resituó la importancia de Wakanda y su líder mediante la aparición de la plana mayor de un universo Marvel a las puertas de Civil War.


Los siguientes números (#19-25) aprovecharon la coyuntura mediante un cruce modélico con el antes citado crossover narrando como la luna de miel de la pareja les llevaba por diferentes enclaves del mundo, cruzando su camino con personajes como el Dr. Muerte, los Inhumanos o Namor antes de su participación directa en el conflicto como aliados del Capitán América. Esta mayor conexión con el resto de la editorial culminaría con la flamante pareja ejerciendo como miembros temporales de los 4 Fantásticos en sustitución de unos ausentes Mr. Fantástico y Mujer Invisible. Esta minietapa (#26-34), dibujada por un irregular Francis Portela y desarrollada en paralelo a la serie mensual del cuarteto escrita en aquel momento por Dwayne McDuffie, presentaría historias bastante insólitas para el héroe africano –Galactus y sus nuevos heraldos, un cruce con los voraces Marvel Zombies, un escarceo con Psicoman, la llegada a un mundo poblado exclusivamente por Skrulls- pero el tono cósmico de la premisa diluía el trabajo de caracterización previamente desarrollado en la cabecera.


Un detalle que se corregía con De Vuelta a África (#35-38), saga que recuperaba a un villano clásico como Killmonger, quien regresaba para poner de nuevo a prueba la legitimidad como monarca del protagonista. Una historia que recordaba a clásicos como La Presa de la Pantera y con la que el Hudlin puso de manifiesto el potencial de Shuri. Este último detalle no era casualidad pues, tras un cruce con Invasión Secreta firmado por Jason Aaron (#39-41), la serie fue relanzada con un nuevo #1 dentro del escenario de Reinado Oscuro que convertía a T-Challa en objetivo de un Dr. Muerte ansioso por hacerse con el recurso natural más exclusivo del país africano: el Vibranium. Con su hermano y rey incapacitado por el villano acorazado, Shuri reclamaba para sí el manto de Pantera Negra en un giro argumental que si bien no era nuevo –durante la etapa Marvel Knights el papel había pasado brevemente a manos de otro personaje- se saldaba aquí con mejor resultado gracias al trasfondo y carisma con los que Hudlin había dotado al personaje.


Este quinto volumen, dibujado por un Ken Lashley más depurado de lo habitual, comenzó siendo escrito por el propio Hudlin, pero este acabó cediéndole las riendas al novelista Jonathan Maberry en una etapa que alcanzaría un total de doce entregas que culminarían en La Guerra de Muerte, miniserie evento que recuperaba los lápices de Scott Eaton y contaba con la aparición de la plana mayor de personajes de la editorial. En paralelo a su publicación, Hudlin también escribiría Banderas de Nuestros Padres, miniserie ilustrada por Denys Cowan que a modo de precuela narraba el primer encuentro entre el Capitán América y el anterior Pantera Negra (T´Chaka, padre del protagonista) durante la IIª Guerra Mundial en una historia que añadía retrospectivamente nuevos detalles al linaje de ambos personajes.

Ambas miniseries pusieron fin a la etapa de Hudlin, dando paso a un irregular periplo editorial posterior antes del relanzamiento surgido al calor de su exitosa adaptación fílmica por parte del guionista Ta-Neishi Coates. Una versión para la gran pantalla que tomó no pocos elementos de esta interesante etapa que está siendo reeditada por Panini Comics, ofreciendo la oportunidad de rescatarla a aquellos que cometieron el error de dejarla pasar en primer lugar.


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