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La Atalaya del Vigía - ¡García!: Leyendas de la España de ayer y hoy Comic Digital
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La Atalaya del Vigía - ¡García!: Leyendas de la España de ayer y hoy

Uno de los títulos esenciales de 2020

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 06/01/2021

De entre la más reciente cosecha de obras del cómic patrio en este fatídico 2020 destaca ¡García! en Catalunya, tercera entrega del título firmado por Santiago García y Luis Bustos para la editorial Astiberri. Un título donde, como sucede con la figura de su protagonista titular, se combinan el pasado y el presente del cómic (no solo nacional) en una obra que aúna perspectiva histórica y crítica social con el entretenimiento más espectacular, haciendo un inteligente uso de la nostalgia referencial mientras se repasa la peculiar idiosincrasia y contradicciones de este hervidero llamado España.

La trama de ¡García! presenta al personaje homónimo, un legendario agente del servicio secreto español que junto a su joven ayudante Jaimito se ocupaba de poner freno a las amenazas al régimen español durante la época franquista. Pero en 1961, durante el transcurso de una misión para detener a un peligroso científico, desapareció sin dejar ni rastro convirtiéndose en una suerte de leyenda olvidada por la historia. Al menos hasta que en 2015 una serie de acontecimientos provocan su vuelta a una España muy diferente de aquella que conoció, sumida en una inestabilidad política y social donde nada ni nadie es lo que parece. Un país y una época llena de corrupción y crispación donde el antiguo patriota se verá envuelto a su pesar en un turbio complot que podría cambiar el destino de España.


Inspirándose claramente en Roberto Alcázar y Pedrín, serie creada por Juan Puerto y Eduardo Vaño y uno de los más longevos y populares cómics de la España de postguerra, ¡García! no se adscribe como podría parecer en un principio ni a una voluntad de parodia ni a un ejercicio de actualización de su modelo clásico. En lugar de ello el guionista opta por un trabajo de deconstrucción y puesta en perspectiva que toma las características de la citada creación de Puerto y Vaño, condenada en el recuerdo como burda propaganda franquista por los nuevos estándares surgidos durante la Transición, y las pasa por el filtro de la sensibilidad postmoderna y un tono adulto en un ejercicio similar al realizado por autores como Frank Miller o Alan Moore con los superhéroes americanos a mediados de los ochenta. De hecho las propias características del personaje (fuerza y resistencia sobrehumanas nunca explicadas; un fuerte perfil patriótico; su condición de pez fuera del agua desplazado varias décadas en el tiempo) le asemejan al Capitán América y, más en concreto, a la lectura crítica que guionistas como Steve Englehart comenzaron a hacer de las aventuras del personaje a partir de los años setenta.


Un contraste respecto al modelo de inspiración con el que los autores juegan conscientemente mediante la inclusión de varios flashbacks que reproducen conscientemente el estilo de dibujo simple, los diálogos arcaicos y un coloreado y distribución de viñetas propios del estilo de los viejos cuadernillos. Flashbacks ilustrados por Manel Fontdevilla que contrastan con las imágenes de Luis Bustos para la historia principal, realizadas en un denso blanco y negro que el dibujante aprovecha para hacer un expresivo uso de las sombras y las masas de tinta en momentos como la “resurrección” del protagonista en el Valle de los Caídos (sic)- o estilizar la transición entre diferentes secuencias con una planificación que recuerda a los fundidos cinematográficos. Su dibujo muestra una gran atención al detalle (cualquiera que haya vivido en Madrid reconocerá a la perfección edificios, calles y ambientes) y narrativamente hace gala de referencias bien asumidas tanto del cómic USA como del manga, especialmente en las abundantes escenas de acción y su uso de recursos como las viñetas en plano detalle o las onomatopeyas.


Narrada a través de los ojos de Antonia, una periodista novata que casualmente (o quizá no, como se irá descubriendo) resulta ser hija del antiguo compañero del protagonista, uno de los motores de la trama es la química entre dos personajes tan dispares, donde los prejuicios iniciales acaban dando paso a una sincera relación de amistad. Detalle este que asimismo enlaza esta obra con uno de los tropos clásicos del género superheroico como es el del héroe y su ayudante. Un elemento que en el contexto de la trama se amplía aquí a la relación entre dos generaciones formadas en diferentes valores y como la verdadera medida de alguien está en la honradez de sus actos y no en el bagaje que implica su ideología. Algo que, junto a ciertos guiños costumbristas y 100% españoles, deriva en algunos de los diálogos más divertidos de toda la trama.


Perfectamente compenetrados –como demuestra esa doble página mezcla de diagrama y cómic que describe el laberinto subterráneo donde el protagonista rescata a cierto personaje encarcelado- guionista y dibujante tejen una historia que combina ciencia ficción –el villano Dr. Nefastus y el laboratorio donde tanto él como el protagonista quedan hibernados durante medio siglo-, acción (la persecución en el coche trucado del protagonista), humor (su desconcierto ante las costumbres actuales) y crítica ante el panorama social y político de la España actual. Una crítica que lanza puyas tanto a izquierda como a derecha y que tampoco se olvida de la maquinaria mediática en contubernio con ambas ideologías, pudiendo identificarse durante la lectura a varios sosias de políticos y periodistas reales. Un detalle este último que el lector puede aceptar o ignorar sin que ello implique perder un ápice del interés respecto al resultado.


Publicada en dos tomos en 2015 y 2016, la continuación se hizo esperar hasta este 2020, cuando García y Bustos han recuperado al anticuado héroe y a su sidekick Antonia para trasladarles a Barcelona en una nueva intriga que tiene el candente tema del nacionalismo (tanto catalán como español) como telón de fondo. Una secuela que revalida los hallazgos de la obra original, dejando además memorables momentos de narración gráfica (el atentando en el AVE que abre la historia a modo de prologo “jamesbondiano”) y varias filigranas narrativas y visuales, como el ocasional uso del color para acentuar la extrañeza de un par de secuencias alucinógenas padecidas a su pesar por el protagonista. El resultado es un título que pese a su breve recorrido ya podemos calificar de imprescindible y al que solo cabe exigirle una pronta continuidad.


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