La tensión iba en aumento según los Oilers de Richmond High se preparaban para enfrentarse al inminente campeonato de baloncesto. La ciudad bullía de excitación en torno a su invicto equipo local y en cada partido las gradas se llenaban de fans vociferantes. Nadie podía imaginar que el día 4 de enero de 1999 la comunidad iba a dividirse de una forma tan violenta, alterando para siempre el destino de muchas vidas, a causa de una decisión del entrenador Ken Carter, que selló el gimnasio y se negó a permitir que entraran en él los jugadores por haber suspendido éstos sus exámenes.