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La Atalaya del Vigía Comic Digital

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"'Ahora es mucho mas que eso. Siempre lo fue. Y le he mostrado que un hombre sin esperanza… es un hombre sin miedo'" Kingpin / Daredevil #229
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Reseteos arácnidos

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 13/05/2009
La Atalaya del Vigía

A punto está de cumplirse en nuestro país un año del inicio de “Un Nuevo Día”, la saga que presenta un nuevo status quo para Spiderman. Una jugada promovida por Joe Quesada, actual capo de Marvel, que con este “reseteo” eliminaba el matrimonio entre Peter Parker y Mary Jane para devolver al personaje a su planteamiento inicial: el chico soltero y perdedor que vive con su anciana tía, bebe los vientos por esa preciosa pelirroja a la que no puede tener y mantiene una tensa amistad con un Harry Osborn rescatado de la tumba para la ocasión. Una situación que recuerda –no es casualidad- a lo mostrado por Sam Raimi en la saga cinematográfica y con la que se busca atraer a los comics a esos nuevos lectores que solo conocen al trepamuros por su versión fílmica.

Pero ¿De verdad le hacía falta al personaje semejante borrón y cuenta nueva? Lo cierto es que no y al mismo tiempo sí. Tras varios años de travesía por el desierto, con escalas tan bochornosas como la interminable “Saga del Clon”, Spiderman encontró a J.M. Straczynski, el hombre que supo llevarle de verdad a la mayoría de edad. El Spiderman de Stracz –permítase el diminutivo- era ahora un treinteañero creíble, con preocupaciones, actitudes y diálogos propios de un personaje de dicha edad. Tras dar el paso lógico en lo referente a su relación con la tía May, el guionista hizo hincapié en su matrimonio con Mary Jane, un elemento al que desde su inclusión a finales de los 80 ningún guionista había sacado verdadero partido –quizás, un poco, J.M. Dematteis-. Desde su reconversión en “señora de Parker”, la pelirroja se había convertido en apenas una cara bonita que proporcionaba al personaje la excusa para algún aprieto ocasional. Stracz le dio la vuelta y nos presentó a una Mary Jane tridimensional, con tanta importancia en lo referente a su fuero interno como el propio Peter, enamorando de nuevo tanto al superhéroe como a los lectores. El escritor incluso se permitió el lujo de replantear la naturaleza del personaje desde otro punto de vista –Ezequiel y la trama totémica- una jugada que podría haber caído en el ridículo pero que, bien usada, aportó nuevos e interesantes matices.
Sin embargo, coincidiendo con la marcha de John Romita Jr al dibujo, la nave comenzó a dar bandazos. Tras una no muy afortunada pirueta narrativa con el pasado de la serie (los hijos de “ya-sabéis-quien”), la serie dejó de seguir su propio rumbo y empezó a seguir el de otros: la incursión en los Vengadores, la participación en “Civil War”, su multitudinaria “salida del armario”, las consecuencias de esto... Stracz había perdido (¿ó había cedido?) la autonomía y se había visto empujado a un callejón sin salida donde usando un “deux ex machina”, el personaje se colocaba en la posición deseada por la editorial.

Tras el “mefistazo”, burdamente planteado y lleno de cabos sueltos e incongruencias, los nuevos guionistas han optado por rodear al personaje de un nuevo elenco y optar por la estrategia de “no preguntes y no tendré que responder”, realizando una serie de entretenidas aventuras en las que la madurez y evolución imprimidas por Straczynski brillan por su ausencia. Y así será mientras acompañen las ventas. Cuando no lo hagan, más que posiblemente veamos una inversión de la “magia” de Mefisto. ¿Cómo? Posiblemente Stracz dio con la solución antes incluso de existir el problema, pues servidor recuerda que tras aquella aventura con Loki, el dios nórdico otorgó al trepamuros una runa que le permitiría obtener su favor. ¿Rebuscado? Podría ser peor, como volver a recurrir a los clones.

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