Quizá cansado de la vorágine que ha acompañado la publicación de cada uno de sus discos más recientes, Fito Cabrales ha ido espaciando en el tiempo sus entregas. Ahora, cuando han transcurrido tres años desde la edición de Por la boca vive el pez, llega a nuestras manos Antes de que cuente diez. Un álbum que vuelve a situar al músico vasco en la cresta de la ola: 50.000 copias despachadas en siete días, convirtiéndose así en el disco que más unidades ha vendido en lo que va de año en la primera semana de su publicación, superando los registros de U2 y Bruce Springsteen.
Y todos esos fans que se han lanzado a la compra de este trabajo vuelven a disfrutar de una fórmula plenamente consolidada. El single de presentación, con el mismo título que el álbum, ya anunciaba que Fito no iba a cambiar. Líneas de guitarra sólidas en los dedos de Carlos Raya, el saxo preciso de Javier Alzola y letras en apariencia personales, pero que permiten al oyente identificarse rápidamente. Es esta una base que permite tomar diferentes direcciones: los sonidos slide del estilo americana (“Me acorde de ti”), los riffs del rock de carretera (“Tarde o temprano”) o el blues pantanoso (“Que me arrastre el viento”).
Con una sección rítmica de talla internacional -con Andy Hess al bajo y Pete Thomas a la batería- y los matices que aportan los teclados de Joserra Senperena, Fito también se atreve con ritmos más pausados. Es el caso de la balada “Catorce vidas son dos gatos” y el medio tiempo “Los huesos de los besos”. Aunque el cantante y guitarrista parece desenvolverse mucho mejor cuando disfruta de la libertad y agresividad del rock ("Que necesario es el rock'n'roll").
Como ya hiciera con otras formaciones históricas de nuestro país -como Los Secretos, Leño, Los Rebeldes y Extremoduro- Fito ha homenajeado al rock español con la inclusión de una versión. En este caso, la canción escogida es “Todo a cien” de La Cabra Mecánica, banda que, precisamente, se despedirá de los escenarios acompañando en su gira al músico bilbaíno. Y si bien se acierta en la instrumentación del tema, llevándolo al terreno propio del sonido “fitipaldis”, la interpretación vocal, muy lineal, queda lejos de la emotividad que siempre ha desprendido Lichis. El instrumental “La Cuisine de Bernard” cierra el álbum con juegos malabares por parte de unos grandes músicos, aunque quizás un poco encorsetados durante todo el disco.
Y todos esos fans que se han lanzado a la compra de este trabajo vuelven a disfrutar de una fórmula plenamente consolidada. El single de presentación, con el mismo título que el álbum, ya anunciaba que Fito no iba a cambiar. Líneas de guitarra sólidas en los dedos de Carlos Raya, el saxo preciso de Javier Alzola y letras en apariencia personales, pero que permiten al oyente identificarse rápidamente. Es esta una base que permite tomar diferentes direcciones: los sonidos slide del estilo americana (“Me acorde de ti”), los riffs del rock de carretera (“Tarde o temprano”) o el blues pantanoso (“Que me arrastre el viento”).
Con una sección rítmica de talla internacional -con Andy Hess al bajo y Pete Thomas a la batería- y los matices que aportan los teclados de Joserra Senperena, Fito también se atreve con ritmos más pausados. Es el caso de la balada “Catorce vidas son dos gatos” y el medio tiempo “Los huesos de los besos”. Aunque el cantante y guitarrista parece desenvolverse mucho mejor cuando disfruta de la libertad y agresividad del rock ("Que necesario es el rock'n'roll").
Como ya hiciera con otras formaciones históricas de nuestro país -como Los Secretos, Leño, Los Rebeldes y Extremoduro- Fito ha homenajeado al rock español con la inclusión de una versión. En este caso, la canción escogida es “Todo a cien” de La Cabra Mecánica, banda que, precisamente, se despedirá de los escenarios acompañando en su gira al músico bilbaíno. Y si bien se acierta en la instrumentación del tema, llevándolo al terreno propio del sonido “fitipaldis”, la interpretación vocal, muy lineal, queda lejos de la emotividad que siempre ha desprendido Lichis. El instrumental “La Cuisine de Bernard” cierra el álbum con juegos malabares por parte de unos grandes músicos, aunque quizás un poco encorsetados durante todo el disco.
