Durante casi una década, desde finales de los años ochenta y hasta mediados de los noventa, Alice in Chains fue una de las bandas más importantes y respetadas del rock alternativo. Con un sonido que aunó el rock duro y el grunge, la banda de Seattle firmó álbumes imprescindibles como Dirt (1992) y Jar of Flies (1994). Sin embargo, la viabilidad del grupo siempre estuvo a expensas del ánimo de su cantante, Layne Staley, quien fue hallado muerto en su casa el 19 de abril de 2002 víctima de una depresión condimentada con una buena dosis de drogas.
Catorce años después de la edición de su último trabajo, el homónimo Alice in Chains (1995), el grupo ha decidido recuperar las sensaciones de tocar en un estudio de grabación. Y lo hace tras años de escarceos y reuniones fugaces sobre los escenarios. De esta forma, el guitarrista Jerry Cantrell pone un paréntesis a su carrera en solitario para reencontrarse con Mike Inez (bajo) y Sean Kinney (batería). La gran novedad llega, como es natural, a las voces, con la incorporación de William DuVall (Comes with the Fall), amigo y colaborador de Cantrell desde el año 2000.
Con Black Gives Way to Blue, la banda deberá afrontar todo tipo de comparaciones, pero nadie podrá decir que sus nuevas canciones denoten falta de actividad. Los primeros segundos de “All Secrets Known”, con una llamada al renacimiento personal y musical, nos devuelven ese sonido rocoso y arrastrado marca de la casa. También destacan los riffs de guitarra pesados y circundantes (“Check My Brain” o “A Looking in View”) y la desesperación que destila la voz de DuVall (“Private Hell”). Por tanto, aquellos que se mostraron reticentes ante la resurrección de Alice in Chains deberán admitir que el grupo está en buena forma.
Aunque la electricidad domina gran parte del repertorio, Jerry Cantrell, que asume casi en su totalidad las tareas de composición, también ha construido algunos temas sobre los acordes de una guitarra acústica (“Your Decision” o “When the Sun Rose Again”), mostrándose más melancólico. Esta sensación se acentúa en la final “Black Gives Way to Blue”, donde introduce una línea de piano interpretada por Elton John.
En definitiva, este álbum, además de entregarnos a los mejores Alice in Chains, se puede entender como un gran homenaje a Layne Staley, presente en cada nota y en todas las letras de las canciones del álbum.
Catorce años después de la edición de su último trabajo, el homónimo Alice in Chains (1995), el grupo ha decidido recuperar las sensaciones de tocar en un estudio de grabación. Y lo hace tras años de escarceos y reuniones fugaces sobre los escenarios. De esta forma, el guitarrista Jerry Cantrell pone un paréntesis a su carrera en solitario para reencontrarse con Mike Inez (bajo) y Sean Kinney (batería). La gran novedad llega, como es natural, a las voces, con la incorporación de William DuVall (Comes with the Fall), amigo y colaborador de Cantrell desde el año 2000.
Con Black Gives Way to Blue, la banda deberá afrontar todo tipo de comparaciones, pero nadie podrá decir que sus nuevas canciones denoten falta de actividad. Los primeros segundos de “All Secrets Known”, con una llamada al renacimiento personal y musical, nos devuelven ese sonido rocoso y arrastrado marca de la casa. También destacan los riffs de guitarra pesados y circundantes (“Check My Brain” o “A Looking in View”) y la desesperación que destila la voz de DuVall (“Private Hell”). Por tanto, aquellos que se mostraron reticentes ante la resurrección de Alice in Chains deberán admitir que el grupo está en buena forma.
Aunque la electricidad domina gran parte del repertorio, Jerry Cantrell, que asume casi en su totalidad las tareas de composición, también ha construido algunos temas sobre los acordes de una guitarra acústica (“Your Decision” o “When the Sun Rose Again”), mostrándose más melancólico. Esta sensación se acentúa en la final “Black Gives Way to Blue”, donde introduce una línea de piano interpretada por Elton John.
En definitiva, este álbum, además de entregarnos a los mejores Alice in Chains, se puede entender como un gran homenaje a Layne Staley, presente en cada nota y en todas las letras de las canciones del álbum.
