No por tratarse de Robert Crumb iba a ser obligatoriamente su versión de la Más Grande Historia una parodia o sátira. Al igual que no por hablar del Libro de los Libros iba el autor más irreverente del género a edulcorarse en su adaptación. Conceptos que se han dado por hecho antes incluso de publicarse “Génesis” en todo el mundo y que han provocado lluvias de críticas de adeptos y detractores sobre este agnóstico declarado. Un contexto que habla por sí solo de la relevancia a nivel mundial tanto de la obra como del autor.

Hay que esperar a tenerla en nuestras manos para poder apreciar lo sublime de esta novela gráfica, un reto autoimpuesto por un artista en la cúspide de su carrera que, si algo buscaba en estos cuatro años de incesante proceso creativo, ha sido llevar el medio un paso más allá. Y lo ha conseguido.

Sin duda, un acercamiento único y singular al Antiguo Testamento y a nuestro propio pasado ilustrado de forma magnífica por un hombre que, si ya lo era todo en el mundo del cómic, ahora no se sabe en qué parte del panteón de los dioses habita.