Esta primera historia, de las dos que componen este primer tomo, destila humor y autocrítica, pero también un cierto regusto nostálgico. Aquí Moebius es creador y personaje, y se enfrenta a sí mismo desde un nuevo punto de vista. Quiere conectar con el presente, ser hiperconsciente. Pero, para que eso ocurra, primero ha de someterse a una búsqueda de lo esencial a través de lo ya hecho; reaprender a escribir y dibujar, darle un nuevo sentido a lo ya existente. Comprender, desde el suelo y sin estimulantes. ¿Renunciar a la visión cenital? ¿Al vuelo? El cambio ya no es el motor creativo. Moebius se ha hecho mayor.

No obstante, la segunda historia brilla por su certera crítica a la actualidad desde la subjetividad del creador. Improvisación y emoción, de acuerdo, pero también reflexión, profunda y lacerante, de las que dejan huella. Jean Giraud Moebius habla del mito contemporáneo y trae a escena a Bin Laden. La conversación entre éste con Jerónimo, el jefe apache, y la posterior venganza de las mujeres de Kabul, conducida por Malvina, la bruja sexual, son dos momentos mayúsculos en esta historia sobre el poder y la inspiración. “Me encantan las desviaciones”, grita ella tras rescatar al Moebius personaje, perdido en su desierto favorito. Necesarias estas carreteras secundarias para burlar los límites de la inspiración, para reconciliarse con el pasado y entender el presente. Y, por qué no, para subvertirlo.