Para Don Haskins (Josh Lucas), su sueño siempre fue el de ganar: ganar con agallas, corazón y valor; ganar con respeto por uno mismo, y ganar incluso en contra de todas las probabilidades. Lo que Haskins no sabía en 1966 –cuando era simplemente un hombre de familia de una ciudad pequeña tratando de dejar una marca indeleble en su primer trabajo como entrenador de baloncesto universitario– es que la increíble victoria de su subestimado equipo trascendería el deporte y cambiaría no solamente su vida y las vidas de sus jugadores, sino también al país mismo.