A principios de los años setenta, el Movimiento Ibérico de Liberación (MIL), un grupo izquierdista formado por un puñado de militantes españoles y franceses muy jóvenes, pone en jaque a la policía, al cometer varios atracos en Cataluña con el objetivo de conseguir dinero para apoyar a los sectores más combativos del movimiento obrero. En un primer momento, el éxito de sus acciones espectaculares, provocadoras e irreverentes, proporciona a los jóvenes del MIL una sensación de invulnerabilidad que termina bruscamente en septiembre de 1973, cuando efectivos de la Brigada Político Social tienden una trampa a dos de sus militantes.