El duodécimo álbum dedicado a Titeuf, esa especie de Bart Simpson a la francesa, mantiene muy alto el nivel de los anteriores. De la mano de su creador, Zep, el protagonista sigue viviendo aventuras agridulces tanto en el colegio como con su familia. Así, en este volumen le veremos reencontrándose con un primo al que hace tiempo que no veía, sólo para descubrir que gracias a la pubertad éste se ha convertido en un extraño ser. También deberá enfrentarse a unos matones escolares que le roban el dinero de la merienda, iniciarse en el mundo del tabaco (sólo para dar marcha atrás rápidamente), proseguir con su acoso sentimental a su idolatrada Nadia... Pero, principalmente, sus dos frentes de batalla más importantes en esta ocasión serán por un lado sus recurrentes malas notas, y por otro una depresión en la que caerá su padre cuando pierda el empleo, y que a Titeuf le reportará beneficios a corto plazo.
Es encomiable que las aventuras de este gamberrete mantengan el buen grado de diversión asegurada (porque en el fondo lo que cuenta es reírse con las alegrías y las pequeñas penas del personaje, y de eso hay buenas dosis). Se trata de un producto recomendable tanto para los más pequeños de la casa como para sus progenitores. En definitiva, un cómic para todas las edades del que es imposible avergonzarse.
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