Amalia, un ama de casa cincuentona de un pueblo grande de Galicia, le pide a Carlos, su hijo, que asista, en representación de la familia, a una boda que se celebra en Newark, ciudad de New Jersey muy próxima a New York. Él acepta encantado, sobre todo, porque sus verdaderas intenciones difieren bastante de los deseos de su santa madre, y como es un auténtico golfo sin escrúpulos, consigue convencer a Gonzalo, que es un buenazo, últimamente deprimido por un varapalo profesional, para que pase con él un fin de semana en New York.