Separados del mundo exterior, unidos sólo por una lancha que conecta el poblado con la Rusia Continental, los habitantes de Kenozero, un enorme lago situado en el Norte de Rusia, viven de la misma manera como lo hacían sus antepasados durante siglos. Es una comunidad pequeña, todos se conocen y producen lo que realmente necesitan para vivir. El cartero del pueblo, Liokha es la única conexión que la gente tiene con el exterior.