1879. Entre las verdes colinas y los picos rocosos de la costa de Santander, María Sautuola, una niña de 9 años, y su padre Marcelino, un arqueólogo aficionado, descubren algo extraordinario que cambiará la historia de la humanidad para siempre: las primeras pinturas prehistóricas encontradas hasta entonces: unos impresionantes bisontes al galope trazados con gran detalle.