Jeph Loeb tiene un don curioso: coger a dos titanes del universo DC, sentarlos en la misma viñeta y hacer que piensen en voz alta el uno sobre el otro como si fueran dos abuelos cotillas en un banco de parque. Ese truco, que ya había explotado en la primera tanda de Superman/Batman, alcanza aquí su versión más redonda, porque Loeb aparca los enredos corales de la primera etapa y se centra en una sola pregunta: quién es la chica que ha caído del cielo y por qué Batman la encuentra antes que nadie. El resultado, publicado originalmente en 2004 en Superman/Batman núms. 8-13, es la reintroducción de Kara Zor-El en la continuidad moderna, después de años de sucedáneas con su nombre (Matrix, Linda Danvers, Cir-El, para quien lleve la cuenta), y Panini lo rescata ahora dentro de su colección DC Must-Have con fecha de abril de 2026, un cartoné de 168 páginas que promete quedar de maravilla en cualquier estantería.
El arranque es puro gancho de acción: un asteroide de kryptonita aparece en el fondo de la bahía de Gotham, Batman baja a investigar y se topa con una nave incrustada en la roca, cubierta de símbolos kryptonianos, con una adolescente dentro que habla un idioma que nadie entiende y que resulta tener una fuerza parecida a la del propio Superman. A partir de ahí la propuesta se convierte en un tira y afloja por saber quién se queda con la chica: el Hombre de Acero quiere reconocer en ella a su prima perdida, Wonder Woman prefiere ocultarla del mundo mientras aprende a controlar sus poderes en Themyscira, y hasta Darkseid y sus Furias Femeninas meten las narices en el asunto, porque en el universo DC nadie deja pasar a una kryptoniana sin explotar.
Lo de menos, honestamente, es la trama. Loeb escribe un guion funcional, ligero de sorpresas y con ese vicio suyo de hacer que Superman y Batman filosofeen en paralelo sobre lo mismo, recurso que aquí funciona mejor que en otras ocasiones porque sirve para marcar dos formas opuestas de entender la responsabilidad: la confianza ciega del primero frente a la desconfianza calculada del segundo. El tomo no busca la profundidad de otras colaboraciones del guionista, y tampoco lo pretende; es entretenimiento de superhéroes en su vertiente más blockbuster, sin complejos ni disculpas.
Lo que de verdad sostiene la propuesta, y por lo que merece la pena volver a ella cuarenta años después de su publicación original, es el dibujo de Michael Turner. Cada página es una postal: splash pages descomunales, un Batman que emerge del agua como si fuera una criatura del averno, una Supergirl dibujada con una elegancia que no cae en la hipersexualización tan habitual en el género, y un Superman que parece tallado en mármol. El colorista Peter Steigerwald acompaña con una paleta luminosa que potencia el efecto poster de cada plancha, y el conjunto se entiende mejor como un álbum de ilustraciones con hilo narrativo que como un cómic al uso, lo cual, tratándose de Turner, es el mayor de los elogios
La edición española que firma Panini dentro de su línea DC Must-Have añade, además del recopilatorio de los seis números originales, un prólogo y un artículo del propio Loeb que sitúan la historia en su contexto, un extra que se agradece en un volumen pensado tanto para el lector nostálgico como para quien quiera descubrir de dónde viene la Supergirl que hoy protagoniza cómics, series y hasta alguna que otra película. No es una obra maestra ni falta que le hace serlo: es un tebeo de superhéroes hecho para deslumbrar, y en eso cumple sin fisuras. Para los fans de Kara Zor-El, para los adictos al dibujo de Turner o simplemente para quien quiera un rato de acción kryptoniana sin más pretensiones, esta reedición es una compra que se hace sola.
El arranque es puro gancho de acción: un asteroide de kryptonita aparece en el fondo de la bahía de Gotham, Batman baja a investigar y se topa con una nave incrustada en la roca, cubierta de símbolos kryptonianos, con una adolescente dentro que habla un idioma que nadie entiende y que resulta tener una fuerza parecida a la del propio Superman. A partir de ahí la propuesta se convierte en un tira y afloja por saber quién se queda con la chica: el Hombre de Acero quiere reconocer en ella a su prima perdida, Wonder Woman prefiere ocultarla del mundo mientras aprende a controlar sus poderes en Themyscira, y hasta Darkseid y sus Furias Femeninas meten las narices en el asunto, porque en el universo DC nadie deja pasar a una kryptoniana sin explotar.
Lo de menos, honestamente, es la trama. Loeb escribe un guion funcional, ligero de sorpresas y con ese vicio suyo de hacer que Superman y Batman filosofeen en paralelo sobre lo mismo, recurso que aquí funciona mejor que en otras ocasiones porque sirve para marcar dos formas opuestas de entender la responsabilidad: la confianza ciega del primero frente a la desconfianza calculada del segundo. El tomo no busca la profundidad de otras colaboraciones del guionista, y tampoco lo pretende; es entretenimiento de superhéroes en su vertiente más blockbuster, sin complejos ni disculpas.
Lo que de verdad sostiene la propuesta, y por lo que merece la pena volver a ella cuarenta años después de su publicación original, es el dibujo de Michael Turner. Cada página es una postal: splash pages descomunales, un Batman que emerge del agua como si fuera una criatura del averno, una Supergirl dibujada con una elegancia que no cae en la hipersexualización tan habitual en el género, y un Superman que parece tallado en mármol. El colorista Peter Steigerwald acompaña con una paleta luminosa que potencia el efecto poster de cada plancha, y el conjunto se entiende mejor como un álbum de ilustraciones con hilo narrativo que como un cómic al uso, lo cual, tratándose de Turner, es el mayor de los elogios
La edición española que firma Panini dentro de su línea DC Must-Have añade, además del recopilatorio de los seis números originales, un prólogo y un artículo del propio Loeb que sitúan la historia en su contexto, un extra que se agradece en un volumen pensado tanto para el lector nostálgico como para quien quiera descubrir de dónde viene la Supergirl que hoy protagoniza cómics, series y hasta alguna que otra película. No es una obra maestra ni falta que le hace serlo: es un tebeo de superhéroes hecho para deslumbrar, y en eso cumple sin fisuras. Para los fans de Kara Zor-El, para los adictos al dibujo de Turner o simplemente para quien quiera un rato de acción kryptoniana sin más pretensiones, esta reedición es una compra que se hace sola.