Joe Kelly parece haber encontrado por fin el tono que necesitaba Peter Parker después de una etapa anterior que dejó a demasiados lectores con ganas de echarse las manos a la cabeza, y esta entrega de la actual colección española confirma algo bastante sencillo: cuando Spiderman funciona mejor es cuando sus problemas superheroicos y personales se pisan los talones unos a otros.

El volumen recupera a Norman Osborn y las consecuencias de esa extrañísima situación que lo ha convertido en uno de los elementos más interesantes de la serie. Haber purgado sus pecados no significa, por supuesto, que el mundo esté dispuesto a olvidarlos, y mucho menos El Duende, que llega acompañado por un pequeño ejército de exterminadores y bastante mala leche. El guionista aprovecha la situación para jugar con la desconfianza que provoca Norman incluso entre quienes circunstancialmente necesitan ponerse de su lado, mezclando acción, cuentas pendientes y ese incómodo terreno moral que tan bien le sienta al personaje. Y funciona. Mucho mejor de lo que podría sugerir semejante acumulación de duendes, arañas y traumas familiares.


Gráficamente estamos ante una entrega bastante coral. John Romita Jr. vuelve a aportar esa energía angulosa, exagerada y tremendamente física que lleva décadas asociada al trepamuros, acompañado por Todd Nauck y Paco Díaz en los primeros episodios, mientras Nick Bradshaw y Nathan Stockman participan en el cierre. Hay inevitablemente cambios de registro, pero el conjunto aguanta bastante bien y, sobre todo, mantiene velocidad cuando toca repartir mamporros y sabe frenar cuando la historia necesita primeros planos, silencios y conversaciones incómodas.

Estamos, sobre todo, ante un buen número de transición, expresión que normalmente suena a aquí no pasa gran cosa pero que en este caso sería bastante injusta. Kelly recoge personajes, paga algunas deudas narrativas, recoloca a Peter Parker en el centro y deja la colección preparada para lo que viene a continuación, consiguiendo además que Norman Osborn y Ben Reilly aporten algunos de los momentos más interesantes de la entrega. Quizá no sea el tomo que vais a utilizar dentro de diez años para explicar por qué amáis a Spiderman, pero sí uno de esos números que hacen que quieras comprar inmediatamente el siguiente. Y después de los bandazos que ha sufrido la cabecera en los últimos años, creedme, eso ya es una magnífica noticia.