A estas alturas resulta bastante evidente que Panini ha convertido su edición mensual de Superman en una especie de escaparate de las distintas caras que ofrece actualmente el personaje, y pocas entregas lo demuestran tan bien como la que nos ocupa, que reúne Superman Unlimited #10, Superman #34 y Action Comics #1094. Es decir, tres historias, tres momentos vitales y tres formas bastante diferentes de entender al Hombre de Acero bajo los guiones de Dan Slott, Joshua Williamson y Mark Waid. El resultado es inevitablemente irregular como conjunto, pero también permite comprobar por qué Superman atraviesa uno de esos momentos especialmente agradecidos para sus lectores: hay espacio para la aventura superheroica clásica, para las barbaridades cósmicas de un evento y para historias mucho más humanas protagonizadas por un Clark Kent que todavía está aprendiendo qué significa llevar una S en el pecho.
Slott cierra junto a Mike Norton la historia del Bromista iniciada anteriormente en la colección que lidera, recuperando ese tipo de villano extravagante, absurdo y peligrosísimo que parece salido directamente de una colección de Superman de hace cuarenta años. Y precisamente ahí está buena parte de su encanto. El guionista se divierte obligando a Clark a solucionar problemas desde situaciones en las que ser un héroe no resulta precisamente sencillo, mientras Norton abraza sin complejos las trampas ridículas, los colores chillones y esa mezcla entre amenaza y cachondeo que necesita el relato. Funciona, entretiene y tiene alguna idea estupenda, aunque continúa dando la sensación de que esta colección está guardándose las cartas buenas para más adelante y que algunos capítulos son poco más que simpáticos aperitivos. Agradable, sí. Memorable, bastante menos.
Mucho más desatada está la parte escrita por Williamson, integrada de lleno en DC K.O., con la Tierra convertida en un escenario apocalíptico y una cantidad de conceptos, personajes y versiones relacionadas con Superman que pueden provocar una pequeña embolia al lector que llegue aquí despistado. Pero entre toda esa pirotecnia hay una idea magnífica: preguntarse qué convierte realmente a alguien en Superman. El escritor de esta entrega utiliza a Superboy Prime y a uno de los robots del Hombre de Acero para hablar de responsabilidad, miedo, redención y, por supuesto, de la obligación de ayudar incluso cuando hacerlo resulta tremendamente inconveniente. Un acertado Eddy Barrows aporta músculo, expresividad y ese dibujo superheroico espectacular que parece pedir a gritos semejante locura. El problema es el de casi todos los cruces de este tamaño: hay momentos en los que uno empieza a sospechar que necesita un mapa, tres colecciones abiertas encima de la mesa y quizá un máster en continuidad DC para saber exactamente qué demonios está pasando.
Y entonces llega Mark Waid con su capítulo y recuerda que para contar una gran historia de Superman no hacen falta veinte tipos pegándose mientras el universo explota. Su joven Clark continúa descubriendo el mundo, sus responsabilidades y, sobre todo, los límites de unas capacidades que hasta ahora podían hacerle creer que casi cualquier problema tenía solución. La aparición del General Lane y una primera misión de carácter militar colocan a Superboy frente a una realidad mucho más desagradable que cualquier supervillano de opereta: el miedo, las órdenes, la violencia y las consecuencias que puede tener utilizar a un muchacho prácticamente invulnerable como si fuese un arma. Waid maneja todo eso con una sensibilidad extraordinaria, sin olvidar que debajo de la capa sigue habiendo un adolescente preocupado por sus amigos, sus padres y Lana Lang. Patricio Delpeche acompaña perfectamente ese cambio de registro con un dibujo capaz de pasar de la calidez de Smallville a imágenes mucho más ásperas y tensas cuando la historia lo necesita. Es, para mí, la auténtica joya del volumen.
En resumen, esta entrega de la recomendable colección termina siendo un volumen desigual pero bastante recomendable, especialmente porque contiene dos capítulos que justifican sobradamente la lectura: el energético episodio de Williamson y, sobre todo, el magnífico trabajo de Waid con Superboy, probablemente una de las aproximaciones más interesantes al pasado de Clark que DC está publicando actualmente.
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