
1. Entidad (industrial)
La nomenclatura de cine español debe recaer en algo más que organizaciones de corte reivindicativo, posicionamientos biensonantes y gestos plañideros para la noche de los Goya. Identificar cine y arte, cuando convierte esto último en una excusa para que como tal se deba sólo al autor, olvida ya de antemano llegar al gran público.
Aquí podemos lanzar una idea que todo hombre de cine debería tener grabada: el cine, a diferencia del teatro, la literatura u otras “artes” es extremada y condenadamente caro. Si toda “arte” –al margen de que toda película pueda ser incluida como arte– se perfecciona con el espectador, en el cine es especialmente cierto, ya que en su caso es necesariamente un espectáculo de masas. Porque sin las masas, no es financiable y no puede ser cine de forma autónoma. Y si se apoya únicamente en ayudas del estado es porque no tiene público. Y si no tiene público... ¿qué sentido tiene?
2.Sentido crítico
El cineasta debe preocuparse de analizar los fallos, tanto los que lo sean para él como los que puedan serlo para el público, aún con gustos diferentes. La autojustificación propia de todo autor, la fácil trinchera del “arte” para incomprendidos o el colegueo de los compañeros de profesión no le hacen bien alguno. Es necesario saber por qué las cosas fallan y por qué otras, aunque les molesten a ellos (...y a nosotros...), funcionan.
2.B ENFOQUE del sentido crítico
El objetivo del sentido crítico, se basa en ser auto-crítico. Nada de buscar en los demás la única razón de los males propios. Cierto que la industria de Hollywood es una amenaza, pero también lo es para los propios cineastas americanos que quedan fuera de su circuito, o para el resto de cine europeo. Incluso lo es para las películas españolas que, por el motivo que sea, a pesar de todo sí funcionan.
Tampoco sirve llegar al absurdo y meterse en labores de “crítico al crítico”. El crítico de cine, con sus excentricidades y sus propias lagunas a la hora de entender el funcionamiento del cine, también suele estar alejado del público y sus gustos. Su opinión es algo que debería preocupar muy poco, aunque desahogue mucho culparle a él: los críticos se emplean con saña con muchos de los blockbusters de EEUU, y estos igualmente arrasan en taquilla (¡anda!).
3. Reconocimiento al “rival”
Lo primero que debe considerarse ante la aversión a lo “jolibudiense”: criticar su cine y reducirlo a argumentos antiamericanistas xenófobos (por más que esa sea la xenofobia de moda) significa desconocer los gustos -o no respetarlos- del público, lo cual es una actitud poco democrática (y por tanto alejada de los valores que llenan el espíritu de nuestros cineastas patrios). Por si fuera poco, al año, la maquinaria de EEUU, da algunas películas para la historia y el recuerdo. Pero sólo con terribles bajadas de listón, extrema generosidad o la utilización de nombres archiconocidos, se puede hablar de películas que por uno u otro motivo serán recordadas dentro de nuestra aportación anual al cine con mayúsculas. Y luego está que lo que ha hecho grande al cine, lo que ha hecho que muchos lo amen y que muchos se dediquen a ello, tiene que ver en una parte muy importante con lo que se hace el cine de EEUU (en ocasiones como mero poder financiero para cineastas extranjeros, por mucho que demasiadas veces convierta en vulgares buenos proyectos).
Su industria, permite que se escapen grandes obras entre grandes -digámoslo sin complejos-, bodrios.
4.Profesionalidad
Podemos justificarlo de muchas maneras: sello propio, diferenciación, la importancia de la historia sobre la escenificación... pero desde el público se percibe la necesidad de un pulido que no haga muy odiosa la comparación con lo que echan en otra sala cuya entrada cuesta lo mismo.
Vale que los medios y el tiempo no suelen acompañar, pero los pocos deberían dirigirse con prioridad a igualar factura técnica. En estos tiempos de saturación de licenciados en materia audiovisual y técnicos de imagen y sonido alguno debería servir para que el acabado final tenga una dignidad mínima.
Cuidado con el otro exceso, por habitual: pasar de lo cutre “natural” al videoclip lisérgico con planos mareantes. El arte innovador y fashion, mejor para cosas que no cuesten millones de euros (más si van con cargo al contribuyente).
