Por fin empieza Mark Millar a apretar el acelerador. Tras dos números de reconocimiento de los personajes y diversas presentaciones, el escritor escocés ya muestra su mayor virtud al guión: la acción. Por ello se hizo grande junto a Bryan Hitch en The Authority o The Ultimates, recreando batallas a gran escala de una espectacularidad casi audiovisual. Y un robot gigante descontrolado es la excusa perfecta para poner en liza todas sus artes y narrar otro gran combate que, si bien parece argumentalmente metido con calzador, lo agradece la vista. Y eso es mérito de Hitch.
Salta a la vista que el dibujante norteamericano ha cambiado su estilo. Es mucho menos definido y más instintivo. Todavía no le ha cogido el pulso a ciertos personajes como Míster Fantástico o La Cosa, pero raro es ver un cómic de Hitch sin alguna perla oculta. La doble página central con la que obsequia a los lectores acabará seguro en la pared de más de un fan. Es todo un lujo. Al igual que lo son todas las escenas de acción trepidante que se suceden en este número y que, al desarrollarse en la nieve, ganan en dinamismo.
El único pero de esta entrega está en que con tanta página reservada para el lucimiento personal de Hitch, las páginas del cómic se acaban sin darse uno cuenta. Y queda la duda de si al lector le ha sabido a poco, o simplemente se ha quedado con ganas de más.
Salta a la vista que el dibujante norteamericano ha cambiado su estilo. Es mucho menos definido y más instintivo. Todavía no le ha cogido el pulso a ciertos personajes como Míster Fantástico o La Cosa, pero raro es ver un cómic de Hitch sin alguna perla oculta. La doble página central con la que obsequia a los lectores acabará seguro en la pared de más de un fan. Es todo un lujo. Al igual que lo son todas las escenas de acción trepidante que se suceden en este número y que, al desarrollarse en la nieve, ganan en dinamismo.
El único pero de esta entrega está en que con tanta página reservada para el lucimiento personal de Hitch, las páginas del cómic se acaban sin darse uno cuenta. Y queda la duda de si al lector le ha sabido a poco, o simplemente se ha quedado con ganas de más.
