Alberto trabaja en la oficina de correos de una pequeña ciudad del Norte de Italia. Animado por su esposa, idea un alocado plan para hacerse pasar por inválido y ser trasladado a la ciudad de Milán. Sin embargo, el tiro le sale por la culata y es enviado, como castigo, a un pequeño pueblo de Nápoles. Lleno de prejuicios hacia los sureños, a los que siempre ha visto como paletos y holgazanes, Alberto queda gratamente sorprendido al llegar allí y comprobar que se trata de gente maravillosa.