Bazil parece no tener mucha suerte con las armas. Una le convirtió en huérfano, otra le mantiene al borde de una muerte súbita. Liberado del hospital, Bazil se encuentra sin hogar. Afortunadamente, este inspirado y alegre soñador es adoptado por una panda de traperos de segunda mano que viven en una auténtica cueva de Ali Babá, cuyos talentos y aspiraciones son tan sorprendentes como diversos.