Mientras Charlie deambulaba por la imponente fábrica de Chocolate, Victor trataba de serenarse ante su inminente boda con Victoria. Atribulado reiterando su discurso, su anillo fue a parar a la fría mano de una novia abandonada en la muerte, lista para reclamar su ceremonia pendiente. Con su voz trémula alejada de la de Willy Wonka, iba a descender a un mundo de los muertos ajeno al surtido de dulces del negocio que regentaba en una dimensión no tan lejana. Al menos teniendo en cuenta que ambos rodajes coincidieron en el tiempo.
Llegan pisando fuerte con su último trabajo Inventarse El Mundo, de la mano de La Incubadora, un subsello de Universal. Con tres discos más a sus espaldas y diez años de duro trabajo, esta banda cordobesa encabeza la vanguardia de una nueva forma de entender la música. Después de presentar su nuevo álbum en un concierto multitudinario en el Alcázar de Córdoba, con teloneros de la talla de SFDK y Chambao, pudimos conversar con M. Ángel Mart (cantante) y Javier Estévez (batería).
No hacía falta saber de dónde venían sus personajes, ni la historia de su creador. Su aspecto cómico, lo contundente de sus recíprocas fechorías y lo que aquel juego para plataformas de 8 bits proponía en los 80 era tan novedoso que resultaba difícil no atender a la pantalla.
Jaime se ha quedado sin trabajo, por lo que necesita vender su segunda casa, en la que vive su madre. Esta se niega, y él trata de convencerla mediante reiteradas visitas a la casa. Gracias a las conversaciones Jaime comprenderá que la falta de trabajo no es su problema más importante.