Llega un rey a la colección de Daredevil a la vez que se va otro. Porque el regreso del más grande de todos los villanos del Hombre Sin Miedo coincide con la marcha de otro monarca, pero éste de las grandes historias: Ed Brubaker. Kingpin es el motor para su último relato en una colección que el guionista norteamericano ha vuelto a elevar a la categoría de imprescindible y que ha instalado a Matt Murdock en la más crítica de las situaciones. Quizá demasiado, porque tantos meses de penurias y caída del personaje acaban resultando desesperantes.
En cualquier caso, Brubaker no pensaba abandonar la serie sin un golpe de efecto insólito, de esos que dejan con la boca abierta. Para ello urde una última trama que sirve como colofón a toda su trayectoria y que entremezcla a La Mano, Kingpin, El Búho o Lady Bullseye en un cóctel explosivo del que sólo podían salir (esto no es nuevo) damnificados los seres queridos de Matt Murdock.
En cualquier caso, Brubaker no pensaba abandonar la serie sin un golpe de efecto insólito, de esos que dejan con la boca abierta. Para ello urde una última trama que sirve como colofón a toda su trayectoria y que entremezcla a La Mano, Kingpin, El Búho o Lady Bullseye en un cóctel explosivo del que sólo podían salir (esto no es nuevo) damnificados los seres queridos de Matt Murdock.
