Las promos eran impactantes. El nombre de la iniciativa, intrigante. Los personajes de primer orden. Sin embargo, Marvel no ha dado en la diana como pretendía con esta propuesta de reinvención de sus personajes, deudora en gran medida de esos Otros Mundos de antaño. Las ideas presentadas hasta el momento, a excepción de ese Spider-Man Noir con aire de álbum europeo del que ya hablaremos, no han tenido ni la garra ni el contenido que prometían aquellas primeras imágenes promocionales.
Punisher Noir cuenta el origen del Castigador de manera muy parecida al de su “hermano de otro momento”. Ambientado en un Nueva York anterior a la Segunda Guerra Mundial, la historia está estructurada en varias líneas temporales que abarcan desde los años 20, con Frank Castelione atormentado por su lucha en la guerra, hasta los años 30, con el Castigador aterrorizando el submundo criminal de la ciudad.
Frank Tieri narra una historia inundada de flashbacks que nos muestra la crueldad de un hombre desesperado por la pérdida de su familia que, en uno de los pocos giros originales de la serie limitada, no ocurre justo tras la vuelta de Frank de la guerra. Tieri nos muestra mucho de la vida familiar del futuro justiciero, con su intento de evitar que su hijo caiga en la vida criminal como telón de fondo. Sin embargo, nada difiere demasiado del origen contado y recontado de Frank Castle y ni siquiera los cameos de personajes establecidos de la mitología del personaje consiguen dar mucho interés a la lectura. El dibujante escogido para la ocasión, Paul Azacena, se defiende perfectamente con los oscuros y siniestros ambientes por los que transita el personaje, pero su buen hacer no salva este cómic de su mediocridad.
Lo dicho, mejor Marvel se podría dejar de tanto Universo Noir, por lo menos, mayoritariamente, en la que no aparece Spiderman.
Punisher Noir cuenta el origen del Castigador de manera muy parecida al de su “hermano de otro momento”. Ambientado en un Nueva York anterior a la Segunda Guerra Mundial, la historia está estructurada en varias líneas temporales que abarcan desde los años 20, con Frank Castelione atormentado por su lucha en la guerra, hasta los años 30, con el Castigador aterrorizando el submundo criminal de la ciudad.
Frank Tieri narra una historia inundada de flashbacks que nos muestra la crueldad de un hombre desesperado por la pérdida de su familia que, en uno de los pocos giros originales de la serie limitada, no ocurre justo tras la vuelta de Frank de la guerra. Tieri nos muestra mucho de la vida familiar del futuro justiciero, con su intento de evitar que su hijo caiga en la vida criminal como telón de fondo. Sin embargo, nada difiere demasiado del origen contado y recontado de Frank Castle y ni siquiera los cameos de personajes establecidos de la mitología del personaje consiguen dar mucho interés a la lectura. El dibujante escogido para la ocasión, Paul Azacena, se defiende perfectamente con los oscuros y siniestros ambientes por los que transita el personaje, pero su buen hacer no salva este cómic de su mediocridad.
Lo dicho, mejor Marvel se podría dejar de tanto Universo Noir, por lo menos, mayoritariamente, en la que no aparece Spiderman.
