Dejemos claro para empezar que este volumen es además de una nueva entrega en el archivo creciente de historias del Hechicero Supremo, un ejercicio de contención e inteligencia narrativa a cargo de Jed MacKay. Conocido por su habilidad para revitalizar personajes secundarios y dotarlos de una energía renovada, MacKay afronta aquí un desafío mayor despedir al guardián místico de la Tierra sin perder el equilibrio entre solemnidad y ligereza. En lugar de caer en el lamento melodramático el guionista opta por una estructura ágil casi lúdica donde el misterio y la amenaza se funden en un homenaje consciente a la historia del personaje. El resultado es una lectura vibrante que oscila entre el tributo y el reinicio y que deja claro que la muerte en Marvel no es un punto final sino una bisagra argumental
La historia se articula en cinco entregas que combinan elementos del thriller detectivesco con el despliegue sobrenatural propio del personaje. El asesinato de Stephen Extraño actúa como detonante y excusa para trazar un mapa emocional y mágico en el que sus aliados se ven obligados a sostener el frágil equilibrio de la realidad en su ausencia. De esta manera, Clea, Wong, Mordo, y hasta el entrañable perro espectral Bats, demostrando todos que se encuentran en plena forma.
La inclusión de un Doctor Extraño joven surgido de un conjuro de contingencia da a la historia un tono deliciosamente inesperado, que permite el diálogo entre el Stephen del presente y su yo del pasado sin caer en la parodia. Desgraciadamente, el guión pierde fuelle en su elección de antagonista, que no termina de estar a la altura del conflicto que se nos propone pero que, aun así, no empaña un conjunto sólido que se sostiene por su propuesta temática y el cuidado con que está ejecutado.
Visualmente el tomo recae en manos de Lee Garbett, un artista cumplidor cuya narrativa clara y estilizada facilita la lectura pero rara vez sorprende o emociona. Pese a su solvencia, hay momentos en los que se echa en falta una ambición mayor en la representación de lo místico de lo onírico de lo verdaderamente arcano.
Este recopilatorio incluye además un especial firmado también por MacKay protagonizado por la Gata Negra y el Spiderman de Ben Reilly, un apéndice ligero que funciona como coda juguetona y que recuerda el talento del autor para encontrar el tono adecuado en historias autocontenidas.
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