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Crisis Final Comic Digital
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Crisis Final

Crisis de ideas infinitas

Un artículo de José María Pérez Cuajares - Introducido el 26/10/2009
Crisis Final
Crisis Final Estados Unidos - 2009
Guionista:Grant Morrison
Dibujante:J. G. Jones / Varios
Editorial:Planeta de Agostini - 72 páginas - color Precio:5,95
PUNTUACION
2,5/5
Un Dios ha muerto y los superhéroes de la Tierra investigan lo sucedido para descubrir que se están metiendo en un asunto que les sobrepasa. La Ecuación de la Antivida entra entonces a someter a la mayoría de los humanos a la voluntad de un antiguo pero poderoso villano. Green Lantern, Superman o Batman nunca lo habían pasado tan mal.

Todo aquel que haya degustado alguna obra de Grant Morrison sabrá que, al terminar su lectura, se tarda siempre unos segundos en asimilar lo leído para decidir si se trata de una obra maestra o una de las paranoicas excentricidades del autor escocés. Y el resultado de estas crisis finales dista mucho de la sensación que queda al concluir Doom Patrol, Animal Man, o Los Invisibles, verdaderas lecturas obligadas del noveno arte firmadas por el señor Morrison. El problema del irreverente guionista siempre ha sido la gran cantidad de ideas que plasma en cada una de sus páginas, lo que en esta ocasión termina por sepultarlo bajo una avalancha de subtramas sin cerrar y de intenciones no cumplidas.

Todo lo que sucede en los tres primeros números de esta Crisis Final parece lógico y coherente y, sobre todo, los acontecimientos suceden siempre por alguna razón. Los estudiosos del cosmos de DC encontrarán mil y una referencias a situaciones y personajes clásicos, mientras que aquellos novicios que se adentren en esta macro-saga podrán también entenderla sin excesivos problemas y con algo de paciencia. Así, la muerte de un superhéroe en las primeras páginas, la presentación de nuevos personajes o la propia “Ecuación anti-vida”, eje de la serie, van encajando poco a poco con cierta lógica. Morrison consigue transmitir con gran éxito la percepción de crisis global que sufre el Universo DC, encabezado por Superman, Batman, Wonder Woman y compañía, llevados cada uno de ellos en esta obra a situaciones extremas en las que creemos que, esta vez sí, puede haber llegado su final.

Una conclusión prematura


El problema viene a partir del cuarto número, donde las pequeñas historias dentro de la trama principal no hacen más que multiplicarse, sólo para ir descubriendo, conforme avanza la lectura, que casi todas eran innecesarias. No es casual que, a partir del cuarto número, el correctísimo artista J.G. Jones, incapaz de cumplir con los plazos de entrega, necesite la ayuda de hasta tres dibujantes diferentes para terminar la historia (entre ellos nuestro espectacular compatriota Carlos Pacheco), lo que resta la imagen de unidad al conjunto.

El final, innecesariamente confuso, nos revela el destino final de Batman, alguna baja significativa (y esperemos que duradera), y una nueva identidad para personajes como Mister Miracle o el mismísimo Darkseid, en algunos casos verdaderamente forzadas. Da la impresión de que Morrison se quedó sin espacio para contar la historia o que en DC se les acabó la paciencia y decidieron terminarla de cualquier forma para poder preparar Blackest Night, su próximo macro-evento. Al final, no serán pocos los que piensen que Geoff Johns, experto conocedor de la arquitectura del Universo DC, hubiera realizado un mejor trabajo.


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