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"¿Alguna vez has bailado con el diablo, a la luz de la luna?" Joker / Batman (1989)
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Morir no es forma de ganarse la vida

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 04/11/2009
La Atalaya del Vigía
AVISO: Éste artículo contiene posibles spoilers. En él se revelan aspectos argumentales que el lector podría preferir descubir por sí mismo.

Batman ha muerto. ¿Y se supone que debemos creérnoslo? No es por restar mérito a la actual labor de Morrison en la serie del hombre murciélago, pero a estas alturas liquidar a un personaje titular por las buenas resulta casi molesto. Desde que Claremont y Byrne, ayudados –más bien obligados- por Jim Shooter mataron a Jean Grey en “Uncanny X-Men” nº 137 (1980), la muerte nunca volvió a ser la misma en el cómic de superhéroes. Desde que Jean Grey murió sólo para ser recuperada cinco años después, pocas veces los lectores nos hemos podido tomar en serio a la parca.

En años posteriores tendrían lugar otras defunciones célebres como las de Flash, el segundo Robin, el Duende Verde o la muy recordada muerte del Capitán Marvel, que dio pie a un magnífico cómic emotivo como pocos. Muertes que sin embargo han estado bajo sospecha desde lo que podríamos llamar “el efecto Fénix”. La palma se la lleva “La Muerte de Superman”, macroevento de DC para 1993 en el que vimos más claro que nunca las motivaciones crematísticas de dicha maniobra, ampliamente promocionada dentro y fuera del mundillo y de gran importancia como evento pero enorme vacuidad como historia, máxime cuando en apenas unos meses el hombre de acero volvía a estar en danza como si tal cosa.

A partir de ahí (estamos a mediados de los 90, la era del “todo-vale-por-las-ventas”) cualquier personaje necesitado de un revulsivo financiero era susceptible de empezar a criar malvas y/o ser “incapacitado permanentemente” para ser sustituido por una nueva versión, siempre con algún recurso en forma de puerta trasera que permita deshacer todo el asunto. Green Lantern, Green Arrow, el Caballero Luna, el Motorista Fantasma, Nick Furia, Punisher, Iron Man e incluso los mismísimos Batman y Spiderman (con una espalda rota y una bandada de clones respectivamente) fueron algunas víctimas de este “cese temporal de la presencia activa” que era de nuevo deshecho en forma de triunfal regreso cuando las ventas volvían a flaquear. En este sentido DC se merece un mayor respeto que Marvel ya que, puestos a matar un personaje y cambiarlo por otro, al menos esta editorial se lo tomaba en serio y procuraba dotar de entidad, voz propia y largo recorrido a sus sustitutos. Son los casos de Wally West, Kyle Rainer o Tim Drake, protagonistas por propio derecho y no meras piedras en el camino.

O mejor dicho se lo merecía dicho respeto, ya que desde la entrada de Dan Didio como capitoste y el regreso de Hal Jordan, Barry Allen, Jason Todd u Oliver Queen cuando no hacía ninguna falta –al menos con los tres primeros- la credibilidad de DC ha quedado tan hipotecada con la de Marvel. La editorial capitaneada por Joe Quesada por su parte no solo coló uno de sus principales goles mediáticos con la muerte del Capitán América (magnificas historias de Brubaker pero ¿en serio alguien se cree que Steve Rogers no volverá? Y más con un film en camino) sino que incluso tonteó con el posible regreso del Capitán Marvel para rechifla de los lectores. Independientemente a la calidad de “Batman R.I.P” y lo que Morrison planea para después, el truco de la muerte ya no puede tomarse en serio ni siquiera por parte de los propios personajes (véase “X-Factor” y la muerte de Banshee). Así, señores autores, dejen de usarlo porque nos aburren.

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