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La Atalaya del Vigía Comic Digital
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Frazetta, el monstruo del pincel

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 19/05/2010
La Atalaya del Vigía

En la biblioteca de quien esto escribe no abundan los libros de ilustración. La considerable inversión de espacio y dinero que suelen requerir los tomos de este tipo siempre han impedido a uno a lanzarse, pese a lo atractivo de la obra de autores como William Stout, Boris Vallejo, los hermanos Hildebrant, John Howe, Alan Lee o Wayne Barlowe por citar a unos pocos. Sólo hay una excepción: “Icon”, una retrospectiva sobre la vida y obra del que posiblemente sea el ilustrador de fantasía más importante e influyente del las últimas cinco décadas. Un mago del dibujo llamado Frank Frazetta, cuyo triste fallecimiento acabamos de conocer hace unos días. Un autor cuya participación en el mundo del cómic fue tangencial y escasa, pero enormemente influyente y decisiva en más de un aspecto.

Nacido en Nueva York en 1928, desde su más tierna edad demostró tener un talento superlativo para la ilustración, con un dominio de la composición, la expresividad y el coloreado impropio de un infante hasta el punto de que con sólo 16 años publicó “Snowman”, su primer cómic profesional. Historias y portadas para series de National comics (antes de ser absorbida por DC) como “Adventure Comics”, “Blackhawk”, una temporada como negro para Al Capp en la antología tira “Li´l Abner” y su propia creación “Thun´da” –el primer bárbaro de los muchos a los que daría luz su pincel- fueron los trabajos que formaron su estilo, que se debatía entonces entre las referencias a su admirado Harold Foster y un tono cercano al cartoon.
La explosión llegó en los 60. Tras varios posters promocionales para films de Hollywood, empezó a recibir ofertas para realizar portadas de novelas. La recuperación de viejos seriales pulp de los años 20 y 30 le permitieron volcar todo su amor por la fantasía ilustrando las nuevas ediciones literarias de personajes como Tarzan, John Carter o Conan el Bárbaro. Lo que nadie –ni el propio Frazetta- podría prever es el impacto que esas portadas causarían. Tanto que las ventas de esos libros se multiplicaban hasta el punto de que la gente que los compraba sólo para tener la portada, ignorando el contenido. No era para menos. El talento de Frank para plasmar la anatomía con esos guerreros musculosos, mujeres voluptuosas y fieras salvajes hacia que casi pudiesen tocarse si se alargaba la mano. Su retrato de mundos salvajes y fantásticos en el remoto pasado o en el lejano futuro casi desprendía el olor y el sonido que se adivinaban tras los mismos. Y su habilidad para captar la emoción e intensidad de una escena impactaba en los ojos como un puñetazo en la cara. Todo sin usar referencias fotográficas.

Responsable en buena parte de todo el revival de la fantasía heroica de los 60 y 70 –difícilmente Conan habría llegado al comic sin el empujón que supuso su trabajo- y portadista regular de antologías como “Creepy” o “Eerie”, su trabajo dio pie a obras derivadas como la serie de novelas sobre su personaje Death Dealer, el film de animación “Tygra: Hielo y Fuego” (Ralph Bakshi, 1983) o, más recientemente, una línea de cómics basados en su creaciones pictóricas y publicada por Image. Frazetta también fue un pionero en cuestión de derechos de autor, al ser unos de los primeros en reclamar sus propias obras, con las que fundó su propio museo en 1985. Podríamos seguir una eternidad hablando de sus cualidades artísticas casi sobrenaturales –diestro, aprendió a dibujar con la zurda cuando un derrame dañó su pulso sin que su trabajo se resintiera un ápice-, sus peculiares formas de trabajo –aseguraba que pintando a contrarreloj lo hacía mejor- o de su influencia capital –Corben, Wrightston, Bisley, etc no serian lo mismo sin él-, pero no hay mejor homenaje a este gran talento que perderse contemplando alguna de sus obras y dejar volar la imaginación. Con material como el suyo es bien fácil.


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