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"Y mientras Namor tolera muy poco los retardos... Yo por ti, Susan, esperaría eternamente." Namor a Susan Storm / 4 Fantásticos #588
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Criminal: esencia noir renovada

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 31/07/2013

La lujosa reedición en formato Omnibus de Criminal por parte de Panini supone una constatación más de la relevancia de una cabecera con la que Ed Brubaker y Sean Phillips han querido dar el do de pecho en lo referente a la viñeta policiaca.

Brubaker siempre ha tenido una querencia especial por el género negro. Tanto que incluso en sus trabajos en el género de los superheroes -Batman, Catwoman, Gotham Central, Sleeper, Daredevil) los temas, ambientes, personajes y diálogos carácterísticos de la serie negra están presentes. Sin embargo los imperativos comerciales rara vez le permitían apostar por el género puro y duro presente en sus primeras obras (Lowlife, La escena del crimen). No es extraño que cuando Marvel le ofreció la oportunidad de crear una serie de su propiedad a través de sello Icon, el resultado fuese una depurada muestra de serie negra.



En Criminal, Brubaker propone algo muy sencillo pero a la vez muy ambicioso. Se trata de una serie de historias autoconclusivas pero que comparten escenarios, personajes y cronología. Al mismo tiempo, sus argumentos y personajes están modelados conforme a elementos ya conocidos, pero el guión consigue imprimirles una profundidad, ritmo y chispa dignas de las más grandes firmas del género. El socio traidor, la femme fatale, el capo mafioso sin escrúpulos, los policías corruptos, el perdedor sin suerte, el atraco perfecto que no lo es, el ajuste de cuentas personal, el trágico romance truncado… todos los grandes tópicos están aquí y las influencias del cine y la literatura son evidentes. El secreto de Brubaker está en su habilidad para crear personajes verídicos, carismáticos y con voz propia como el atracador Leo Patterson, el soldado fugitivo reconvertido por las circunstancias en matón Tracy Lawless, el acomplejado falsificador Jacob Kurtz o el aparentemente reformado criminal Riley Richards. Personajes relacionados entre sí a lo largo del tiempo que van alternando el protagonismo entre saga y saga junto a secundarios el despiadado jefe mafioso Sebastian Hyde o el resabiado propietario del bar Undertown Jake Gnarly Brown.



Para llevar a cabo su plan Brubaker cuenta con Sean Phillips como cómplice. Su trazo de formas ásperas, tremendamente detallado en su sencillez, con un inteligente uso de las sombras, un estudiado uso de los colores apagados (obra de Val Staples) y una medida planificación de página se ajustan como anillo al dedo no ya a los guiones, sino a la atmosfera inherente al género. La narrativa resultante, donde abundan los saltos temporales, los cambios de ritmo narrativo –con secuencias de puro cine, como ese montaje de violencia, drogas y alcohol de Los Muertos y los Moribundos- e incluso la experimentación narrativa –las tiras de prensa de Frank Kakfa: detective privado, un comic dentro del propio comic, o ese nada inocente homenaje a los comics de Archie en la saga El Ultimo de los Inocentes- es de primera calidad, fruto del que posiblemente sea uno de los equipos guionista-dibujante más logrados de los últimos años.



Para redondear el resultado, y como interesante extra al comic en sí, cada entrega suele ir acompañada de artículos a cargo del propio Brubaker e ilustres firmas invitadas donde se reflexiona acerca de títulos capitales de la novela y el cine de género de ayer y hoy. Unos más que interesantes añadidos que, si bien se conservaron en las tres primeras entregas de la edición española, desaparecieron en los siguientes tomos -según parece, por una cuestión de derechos-.



Publicada en forma de miniseries con una periodicidad irregular –acentuada a un más debido a los compromisos del tándem Brubaker/Phillips con proyectos paralelos como Incognito o Fatale- y mientras se espera esa nueva entrega titulada Coward´s way out (que recuperaría al personaje de Leo Patterson narrando su fuga de la cárcel), la lujosa reedición de Panini de los tres primeros arcos argumentales se antoja como una lectura imprescindible para aquellos que aún no se han atrevido a dar el paso. Una advertencia: una vez has picado con esta serie, ya no hay camino de vuelta posible.


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