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The Boys: los superhéroes nunca fueron lo que eran

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 02/10/2013

La publicación del último tomo de The Boys pone fin a lo que parece el capitulo definitivo en la declaración de odio de Garth Ennis al género de los superhéroes. Pero The Boys va más allá de un corte de mangas del responsable de Predicador hacia un género por el que siente poco aprecio. The Boys incide en varias de las constantes temáticas de su guionista, destapándose como uno de sus trabajos más personales.


La serie nos sitúa en un mundo donde los superhéroes existen. Adorados como celebridades, mantienen una intachable imagen pública… que es pura fachada. En realidad la inmensa mayoría de los superhéroes son gente cruel, viciosa, sin escrúpulos y capaz de las mayores atrocidades por pura diversión. Una naturaleza perversa que Vought American, la corporación responsable de su creación, esconde a la opinión pública. El protagonismo de la serie recae en la unidad especial de la CIA que da título a la serie, encargada de vigilar, controlar y, de ser necesario, liquidar a los supers.


El eje argumental de la cabecera consiste en el largo enfrentamiento entre los miembros de The Boys, liderados por el carismático y brutal Billy Carnicero, y los Siete, el principal grupo de superhéroes del mundo liderado por el Patriota, astuto e inestable a partes iguales. Usando como hilo conductor a Hughie Campbell, el ingenuo nuevo recluta de The Boys, Ennis despliega todo un zoo formado por antiguos editores de comics reconvertidos en informantes- La Leyenda, un análogo de Stan Lee con la libido disparada-, ejecutivos ambiciosos y sin escrúpulos, miembros del gobierno con coeficiente intelectual negativo, agentes de la CIA con toda clase de parafilias y, sobre todo, superhéroes que recuerdan con poco disimulo a las principales creaciones de Marvel y DC. Empezando por los Siete y su condición de análogos de la JLA, por la serie van desfilando alineaciones como Revancha (Los Vengadores), Teenage Kix (Los Nuevos Titanes), los G-Men (X-Men y sus múltiples derivados) o Superduper (la Legión de Superhéroes) entre otros.


Sin cortarse un ápice desde el primer número (que incluye cabezas aplastadas, brazos arrancados y escenas de sexo explicito) la serie alterna los ataques directos a las convenciones de género superheroico –en la línea de la recientemente reeditada Marshall Law- con reflexiones sobre temas como el poder del complejo industrial-militar, la geopolítica estadounidense o la llamada “guerra contra el terror” –en el mundo de la serie el 11-S ocurrió, pero de forma distinta y aún más perturbadora si cabe-. Sin embargo esa combinación de tonos y estilos acaba por ser un arma de doble filo. A diferencia de Predicador o Hitman, Ennis no siempre acaba de conjugar bien ambos registros, dando a veces la sensación de que la trama se ralentiza e incluso se interrumpe solo para poder incluir la barbaridad de turno o desarrollar una referencia malévola que apenas acaba influyendo en la trama final. Por suerte el desarrollo de personajes –especialmente Hughie y Carnicero- resulta impecable, con una atractiva evolución plagada de aristas por encima de la propia trama y sus altibajos. Algo que da pie a giros tan sublimes e inesperados –pero perfectamente lógicos- como el realizado por Carnicero en los números finales.


Dibujada por Darick Robertson, su estilo expresivo y con facilidad para lo escabroso encaja como un anillo al dedo con los guiones de Ennis. No obstante en ocasiones su trazo parece forzado, descuidando detalles como la fisonomía de los personajes. Un problema debido a las ajustadas fechas de entrega que provocó que ocasionalmente tuviera que ser sustituido por ilustradores como Peter Snejberg, John McCrea o Carlos Ezquerra. Finalmente Robertson acabó cediéndole el puesto de forma casi definitiva a Russ Braun, con cuyo estilo mantiene cierta continuidad aunque sea más parco en detalles.


Editada inicialmente por DC a través de Wildstorm, The Boys fue considerada demasiado problemática para los estándares de la editorial, siendo cancelada tras seis números. Rápidamente la serie recaló en la independiente Dynamite Entertaiment, convirtiéndose en el título más vendido de la editorial y alcanzando un total de setenta y dos entregas y tres miniseries paralelas. Provocadora, desmitificadora, cargada de humor (aunque no para todos los paladares) y con un fondo argumental mucho más denso y profundo de lo que parece, The Boys aporta una voz propia al género de los superheroes. Aunque solo sea para ponerlo a parir.

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