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Daredevil de Mark Waid: Respetuoso volantazo al diablo

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 19/11/2014
La Atalaya del Vigía
AVISO: Éste artículo contiene posibles spoilers. En él se revelan aspectos argumentales que el lector podría preferir descubir por sí mismo.

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Cuando Mark Waid accedió convertirse en guionista de Daredevil, la serie venía de disfrutar de catorce magníficos años a cargo de nombres como Brian Michael Bendis y Ed Brubaker. Pero el tono empleado por estos, heredado del trabajo de Frank Miller en los ochenta, empezaba a mostrar síntomas de agotamiento. Curiosamente la idea de Waid para volver a inyectar originalidad a Matt Murdock fue devolverlo a sus verdaderos orígenes, al estilo pre-Miller. Un Daredevil desconocido y/o olvidado por muchos que alejaba al personaje de la crudeza, el dramatismo y los ambientes de serie negra para insuflarle la diversión, el colorido y los elementos fantásticos propios de un superhéroe.

Mark Waid ha insuflado nueva vida al héroe ciego deshaciéndose de la gravedad y oscuridad reinantes en las etapas de Bendis o Brubaker


Ello no implica que el guionista obvie el reciente y oscuro pasado del personaje, teniendo que lidiar con la sospecha pública sobre su identidad secreta y la desconfianza del resto de héroes. Waid lo asume y lo usa como acicate para la nueva actitud del personaje, haciéndole consciente de la necesidad de cambiar so pena de acabar horriblemente. Su enfoque podría considerarse como la lucha del protagonista por cambiar frente a un mundo empeñado en no permitírselo. Algo que casi parece una metáfora de su trayectoria editorial de las últimas décadas.

Artistas como Paolo Rivera, Marcos Martín o Chris Samnee han traído un estilo más dinámico y luminoso al título


Sin dejar de lado aspectos ineludibles del personaje como las intrigas criminales y/o judiciales, los problemas para mantener el secreto de su doble vida o sus complicadas relaciones con las mujeres, Waid sale de la autarquía que la serie había venido construyéndose en los últimos años para irse de paseo por el universo Marvel. Donde antes estaban (casi) exclusivamente Kingpin, la Mano o María Tifoidea ahora aparecen personajes como Klaw, el Dr. Muerte y los Hijos de la Serpiente. Si el protagonista se cruzaba frecuentemente con Spiderman, Punisher y Luke Cage, ahora lo hace con el Hombre Hormiga, Estela Plateada o la Legión de los Monstruos con inesperados resultados. Si antes lo veíamos patrullando exclusivamente los tejados y callejones de Nueva York, ahora alterna con lugares tan distintos como el reino subterráneo del Hombre Topo, Latveria o los bosques de la América profunda. Y de paso se presenta un nuevo plantel de personajes, con villanos como Coyote e Ikari y un nuevo interés romántico en la fiscal Kirsten McDuffie.

Daredevil se verá las caras con nuevos villanos como Ikari


El apartado gráfico parece ir en sintonía con dibujantes de tono colorido y estilizado, alejado de la crudeza y el realismo de Alex Maleev o Michael Lark. Paolo Rivera y Marcos Martín primero y Chris Samnee después visualizan sus aventuras con un tono desenfadado, trabajando la expresividad de los personajes, resaltando los elementos visuales más llamativos de su diseño y aportando una dinámica planificación de página llena de gags narrativos. Incluso el generalmente nefasto Khoi Pham logra parecer inspirado en sus episodios como artista invitado.

Kirsten McDuffie, el nuevo interés romántico del protagonista, estará dispuesta a cualquier cosa por averiguar la verdad tras la doble vida de Matt Murdock


Pero entrado su segundo año el tono de la serie se oscurece, devolviendo a Daredevil al sendero de la amargura: su mejor amigo enferma de cáncer mientras alguien profana la tumba de su padre, manipula a su trastornada ex-esposa y parece mover los hilos para enloquecerle. Ese alguien resulta ser uno de los enemigos más encarnizados del personaje, protagonizando su enésimo regreso en lo que parece ser una vuelta al tono “milleriano”. Por suerte, Waid maneja con habilidad la situación y le da un final con el que, tanto el protagonista como la serie, parecen dar cierre definitivo al tono oscuro y fatalista de las últimas décadas. Eso, junto a la revelación final del protagonista sobre su identidad secreta –zanjando el nudo gordiano iniciado por Brian Bendis años atrás- y el cambio de escenario a San Francisco –donde transcurrieron sus historias junto a la Viuda Negra en los años 70-, permite valorar el volumen 3 USA como una suerte de terapia para el personaje, necesaria después de décadas de caída en espiral al infierno.

En su segundo año, la serie se sumergió en líneas argumentales más siniestras


Con su labor estos tres años, Waid ha renovado las raíces del personaje en su 50º aniversario dejándolo listo para lo que está por venir (empezando por el actual nuevo volumen a cargo de los mismos autores). Es imposible cuánto durará este enfoque ó si sus futuros sucesores lo mantendrán. En cualquier caso quedan treinta y siete números que demuestran que para el personaje existe vida más allá de la sombra de Miller.


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