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La Muerte (editorial) de Lobezno

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 04/02/2015
La Atalaya del Vigía
AVISO: Éste artículo contiene posibles spoilers. En él se revelan aspectos argumentales que el lector podría preferir descubir por sí mismo.

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De éxito también se puede morir”. Así se titulaba uno de los primeros textos publicados en esta sección, reflexionando acerca de cómo la explotación masiva sobre Lobezno había sacrificado el atractivo del personaje en favor del mayor rendimiento económico posible. Finalmente Marvel ha decidido sacrificar al propio personaje en la miniserie de inequívoco título La Muerte de Lobezno, que Panini trae a España reproduciendo el formato grapa y la cadencia semanal con las que fue publicada en EE.UU.

Los últimos eventos en la colección de Lobezno han dejado al mutante sin poderes curativos y en una batalla constante por su supervivencia


Por supuesto cualquier lector mínimamente experimentado sabe de antemano que la historia carece por completo del carácter definitivo que pregona el título. Desde el regreso de Jean Grey el recurso de la muerte en el cómic de superhéroes ha ido perdiendo toda su fuerza, degradándose hasta el punto de no poder ocultar su finalidad exclusivamente comercial. El propio Lobezno lo sabe bien. Hasta el punto de haber pasado ya por la morgue en varias ocasiones como su “muerte” a finales de los 90 siendo sustituido por un skrullInvasión Secreta no inventó nada- o proyectos fuera de la continuidad oficial como Lobezno: El Fin y El Viejo Logan. Más allá de sus repercusiones argumentales, la historia que nos ocupa viene a certificar de forma definitiva un bache creativo que ni el factor curativo del protagonista parece capaz de superar.

Charles Soule estructura La Muerte de Lobezno como una despedida y un viaje a los rincones marvelianos más conectados a su pasado


Creado en los años setenta, Lobezno se desarrolló durante los ochenta en las páginas de X-Men primero y en las de su propia serie después de la mano de Chris Claremont. Atravesó los noventa con altibajos creativos pero con un notable nivel medio durante la larga etapa de Larry Hama. Y en el inicio del nuevo siglo vio ampliado su ya considerable tirón gracias a la versión cinematográfica encarnada por Hugh Jackman. Pero ese fue el inicio de su decadencia argumental. Con el misterio sobre su origen banalizado por continuas revelaciones y su presencia explotada en series propias (X-Men) y ajenas (Nuevos Vengadores), miniseries y especiales, la editorial comenzó a descuidar la calidad de sus aventuras.

Primero su propia cabecera se convirtió en un cajón desastre donde autores de calidad muy dispar iban y venían sin apenas continuidad. Luego llegó Lobezno: Orígenes, donde de una vez por todas se iba a narrar de forma clara y definitiva su pasado. Pero dicho objetivo acabó frustrado por injerencias editoriales. Tener varios enfoques del personaje simultáneamente en distintas series tampoco le hizo ningún favor. Exceptuando alguna saga firmada por Jason Aaron, en la última década el personaje apenas ha ofrecido historias que no sean crossovers, refritos de conceptos anteriores y/o que duren más de seis números.

Steve McNiven se luce en las páginas de esta trepidante historia


En esa tesitura aparece La Muerte de Lobezno, partiendo de cómo la infección de un virus elimina su factor curativo, dando a sus numerosos enemigos la oportunidad de liquidarle. El ascendente Charles Soule, guionista sin experiencia previa sobre el personaje (estamos ante una historia que debe más al editor que al guionista) estructura los cuatro números como una despedida, con el protagonista aceptando su destino y recorriendo escenarios característicos de su trayectoria –los montes canadienses, los suburbios de Madripur, Japón, la sede del proyecto Arma-X- para zanjar los asuntos que le quedan pendientes. Por supuesto esto sigue siendo un cómic de superhéroes, así que las peleas contra villanos como Nuke, Dientes de Sable y Dama Mortal acaparan buena parte de la historia, que finaliza con el enfrentamiento entre Logan y el profesor Cornelius, responsable del adamantium de su cuerpo.

¿Será este el fin definitivo del mutante más famoso? ¡¡¡Por supuesto que no!!!


Repaso a la cronología, introspección, acción, guiños a la continuidad… Soule intenta meterlo todo en apenas cien páginas a todas luces insuficientes, pasando muy por encima de ciertos elementos imprescindibles en la historia del protagonista. El despliegue gráfico a cargo de Steve McNiven ayuda a dar mayor empaque a una narración que, si bien deja cosas en el tintero, tiene sus mejores momentos en el desarrollo dramático por el que pasa el protagonista. Y es que, enfrentado a su fin, Lobezno vuelve a ser un personaje de verdad en lugar de un cúmulo de tópicos andante. Algo que se había convertido en una rareza durante los últimos años. Algo de lo que editores y guionista deberían tomar buena nota cuando llegue su inevitable regreso ¿O de verdad aun existe alguien tan inocente para creer que esta muerte será definitiva?


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