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La Atalaya del Vigía Comic Digital
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Elektra Lives Again: 25 años de luto

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 22/04/2015
La Atalaya del Vigía

La publicación de la nueva cabecera dedicada a Elektra devuelve a la actualidad al personaje creado por Frank Miller. Un personaje rompedor e influyente que, sin embargo, nunca ha vuelto a brillar como lo hizo a manos de su creador, un Miller que decidió ponerle punto y final en la historia que ahora celebra su 25º aniversario.

Tomando como modelo la Sand Saref creada por Will Eisner para The Spirit, Elektra hizo su aparición en Daredevil #168 USA (1981), el primer cómic de Miller como autor completo dentro de la industria. Personaje femenino fuerte, peligroso y de moralidad ambigua, este antiguo amor de juventud de Matt Murdock reconvertida en implacable asesina ninja acaparó rápidamente la atención de los lectores. Su posterior muerte a manos del villano Bullseye solo consiguió mitificarla aún más. Y aunque el propio autor dejó una puerta abierta para su regreso al final de su etapa, nadie quiso o pudo traerla de vuelta temerosos de las comparaciones. Ya convertido en estrella, el propio Miller volvería esporádicamente a su criatura en proyectos como Elektra Saga –peculiar “montaje del director” de sus apariciones en Daredevil con páginas añadidas y/o modificadas- y Elektra Assassin. Pero la gran pregunta seguía pendiente. ¿Elektra estaba viva o muerta?

Frank Miller nos presentó a Elektra en la colección de Daredevil y rescató al personaje de su "muerte" en este título


La respuesta llegaría en 1990 con Elektra Lives Again. Cronológicamente ambientada antes de Born Again, la trama se centra en un Matt Murdock atormentado por las pesadillas de su amada muerta. Pesadillas que empiezan a tornarse reales, dando a entender que Elektra vive solo para estar a punto de caer a merced del clan ninja de La Mano y sus planes de venganza contra quien consideran una traidora. Planes que incluyen reclutar a Bullseye y convertirlo en su nuevo asesino principal. Alejándose conscientemente de cualquier rasgo relacionado con el género superheroico –Daredevil apenas luce su uniforme en un par de viñetas-, Miller elaboró una narración con un fuerte componente onírico, donde no siempre queda claro si lo mostrado sucede realmente o es un sueño de la torturada mente del protagonista. La propia Elektra es más una presencia fantasmal que un personaje propiamente dicho, pronunciando a lo largo de la historia una única y significativa palabra (“Adiós”).

Los niveles de violencia de la obra de Miller se multiplicaban en esta novela gráfica


La melancólica y a ratos paranoica narración de Murdock en forma de voz en off –un recurso que en aquel entonces Miller manejaba con maestría- resuena en la atmosfera solemne de una Nueva York cubierta por la nieve y llena de rincones siniestros como el laberintico piso del protagonista, la morgue de la comisaría o la iglesia abandona donde transcurre el desenlace, a ratos acercando la historia al género de terror. Pero donde Miller da el verdadero do de pecho es en el apartado gráfico. Pese a no ser un ilustrador espectacular, pocos como él han sabido manejar la narrativa del medio. Ilustraciones a toda página que describen secuencias temporales completas, viñetas panorámicas, elaboradas combinaciones de planos detalle, masas de blanco y negro como recurso expresivo, uso de onomatopeyas como forma de enlace entre secuencias… un despliegue tan potente que hace que en varios momentos se prescinda del uso de textos sin perder un ápice de capacidad narrativa.

El Miller dibujante daba muestras de su maestría con páginas que demostraban un conocimiento absoluto de las posibilidades del medio


El lápiz de Miller se vuelve aquí más detallado, con un trazo más grueso reminiscente del cómic europeo y donde cada elemento, por pequeño que sea (ropas, azulejos, vidrieras...), está reflejado hasta el último detalle. El resultado es la cúspide indiscutible de Miller como dibujante, beneficiándose del coloreado de su entonces esposa Lynn Varley. El trabajo de esta última, de naturaleza pictórica, potencia el romanticismo fatalista que desprende la obra, alcanzando cotas expresivas poco frecuentes en estos tiempos de coloreado digital.


Miller se despedía así definitivamente de su primera y más famosa creación. Aun volvería a tocar su pasado en la miniserie El Hombre sin Miedo, pero en lo que a él respecta, este era el final. Cuando años después Marvel la recuperó, Miller no se molestó en disimular su descontento. Algo que podría verse como un gesto egoísta por parte del autor. Pero vista la discreta y en ocasiones decepcionante trayectoria posterior del personaje, cabe preguntarse si no tendría razón al querer hacer definitivo aquel adiós.


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