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La Edad de Oro: Luces y sombras de la DC clásica

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 15/08/2017
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En 1994 en plena explosión de Image Comics y con el cómic de superhéroes sumido en una efervescencia de excesos visuales y raquitismo argumental, una propuesta como La Edad de Oro parecía fuera de lugar. Su premisa de narrar un relato de época ambientado tras la IIª Guerra Mundial recuperando a los héroes más clásicos de la editorial DC asemejaba una maniobra que apelaba a la nostalgia en un mercado hostil a la misma. La corta trayectoria del guionista James Robinson, el trazo de un Paul Smith más cercano al cómic clásico que nunca y su catalogación como historia alternativa del sello Elseworlds hicieron que pasase casi inadvertido. Al menos inicialmente, porque gracias al boca a boca acabaría siendo justamente reivindicado como uno de los mejores cómics del superhéroes de la década.


En lo que puede entenderse como una reflexión de corte metanarrativo pareja al declive del cómic del género en dicha época, La Edad de Oro narra cómo, tras el fin la guerra, los superhéroes parecen haber sido relegados al ostracismo. Obligados a mantenerse al margen de la primera línea de combate debido a los recursos paranormales del Eje, los antiguos miembros de la JSA y el resto de héroes enmascarados se ven obligados a reajustarse al tiempo de paz mientras lidian con sus circunstancias personales.


Así, Alan Scott (Green Lantern) ha renunciado a su identidad como vigilante mientras es presionado por el Comité de Actividades Anti-americanas; la pareja formada por Johnny Quick y Liberty Belle afronta un triste divorcio que empuja a la segunda a los brazos de John Law (Tarántula); Ted Knight (Starman) ha perdido el juicio debido al remordimiento de haber colaborado en la creación de la bomba atómica; Carter Hall (Hawkman) se recluye en sus fantasías sobre la reencarnación; Paul Kirk (Manhunter) es un vagabundo amnésico convencido de estar siendo perseguido… Sólo Tex Thompson (Americomando) parece saborear el éxito, aclamado como héroe de guerra y nombrado senador, formando un nuevo grupo de héroes para hacer frente a la creciente amenaza comunista que incluye a Robotman, Atom, Johnny Thunder y Dan Dynamite, transformado este último gracias a una serie de experimentos en Dynaman, el superhumano más poderoso que ha visto el mundo.


Enamorado confeso de los cómics de superhéroes de los años 40 y 50 –esa Edad de Oro a la que homenajea desde el mismo título-, Robinson toma numerosos elementos del trabajo realizado en los ochenta por Roy Thomas en la cabecera de All-Star-Squadron. Pero si aquella era un revival plagado de cariño y nostalgia, La Edad de Oro revisita dicho escenario y personajes con un enfoque más propio del revisionismo adulto del género propiciado por obras como El Regreso del Caballero Oscuro y Watchmen. Serie ésta última con la que La Edad de Oro ha sido continuamente comparada pese a que, más allá de dicho enfoque, apenas tengan elementos concretos en común.


Robinson rasga la superficie de mallas coloridas, personalidades maniqueas y argumentos inocentes de los viejos cómics de los cuarenta para mostrar unos personajes llenos de defectos y contradicciones. Individuos tridimensionales con sus luces y sus sombras embarcados en una trama colectiva de política-ficción con la caza de brujas anticomunista y la paranoia nuclear como telón de fondo. Un ambicioso planteamiento que combina drama e intriga con un ritmo soberbio junto a un interesante desarrollo de personajes, culminando en una de las batallas multitudinarias entre superhéroes mejor narradas que servidor haya leído. Todo ello con el apoyo de un Paul Smith que añade a su habitual estilo claro y estilizado un toque “retro”, reminiscente de artistas de la época dorada del medio como Alex Raymond y Milton Caniff. Apoyado por el coloreado de Richar Ory –que en ocasiones parece querer emular la textura de películas y fotografías antiguas-, Smith elabora el que posiblemente sea el mejor trabajo de su carrera, logrando una mezcla de clasicismo luminoso y elementos crepusculares en total sintonía con la propuesta argumental.


La última página del cómic, originalmente publicado como miniserie de cuatro especiales, parecía abrir la puerta a una secuela provisionalmente titulada La Edad de Plata con la que Robinson y Smith planeaban tomar la medida a la siguiente generación de personajes de la editorial. Nunca fue realizada –aunque para muchos ha querido ver en la DC: La nueva frontera una especie de continuación oficiosa-. Sin embargo, y a pesar de haber sido concebida de forma ajena a la continuidad oficial, su innegable calidad ha tenido un legado rastreable en obras posteriores, con el propio Robinson haciendo referencia directa a la misma en Starman y propiciando una nueva versión de la JSA. Un legado desaprovechado en tiempos recientes pero que la presente reedición a cargo de ECC permitirá apreciar debidamente, reafirmando a La Edad de Oro como una de esas obras inusuales que renuevan la validez creativa del cómic de superheroes sin renunciar a la esencia misma de este.


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