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Jupiter´s Legacy: El Olimpo de las capas

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 24/06/2018
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Nadie puede negar que Mark Millar tiene un don a la hora elaborar premisas atractivas. Su talento para forjar conceptos tan sencillos como potentes ha sido la principal clave de su éxito. Pero desde hace unos años Millar parece haberse relajado a la hora de contar sus historias, limitándose a armar las citadas premisas, insuflarles grandes cantidades de acción y humor negro y envolverlas en un dibujo espectacular. Propuestas como Némesis, Super Crooks o Crononautas dan la impresión de ser más un borrador de posibles adaptaciones cinematográficas que obras con entidad propia. Sin embargo, con Jupiter´s Legacy parece apreciarse en Millar un cambio de paradigma, mostrando una obra mucho más densa y ambiciosa de lo que el creador de Kick-Ass nos viene acostumbrado en los últimos años.


Jupiter´s Legacy reincide en el género predilecto de Millar: el cómic de superhéroes puro y duro. Pero en esta ocasión el guión incluye unos temas y un trasfondo que ahondan en las propias raíces conceptuales del subgénero. Situando el origen de la trama en la Norteamérica de la Gran Depresión en los años treinta del siglo XX, Millar abraza sin pudor elementos de la literatura pulp de la época para narrar como el idealista aventurero Sheldon Sampson lidera una expedición a una remota isla donde sus integrantes recibirán poderes sobrehumanos. La trama salta entonces hasta el año 2013, cuando dichos héroes, ya entrados en años, se enfrentan a un doble problema: por un lado la recesión que asola la economía mundial y que parece una repetición de aquella que les dio origen. Por otro, el papel que ejercen sus propios descendientes, quienes parecen haber heredado sus poderes pero no sus valores ni su capacidad de compromiso.


A través del personaje de Sampson –alias Utopian- y sus díscolos hijos Chloe y Brandon, Millar establece la diferencia entre el idealizado concepto original del superhéroe conectado con el ideal del sueño americano y el cinismo y la falta de valores que caracterizan a buena parte de los personajes del género creados en las últimas décadas. Asimismo, utilizando arquetipos prestados de la mitología grecorromana, el guión dota a este grupo de superseres bautizado como La Unión de un barniz mitológico, haciéndoles debatirse entre su papel de benefactores de la humanidad y la necesidad de gobernar a esta para corregir sus errores. Una dicotomía que acaba originando un conflicto fratricida cuando Utopian es asesinado por su propio hermano Brainwave con la ayuda de Brandon, pretendiendo tío y sobrino instaurar un régimen autoritario que rescate al mundo de la crisis. Un conflicto al que escapan una embarazada Chloe y su novio Hutch –a su vez hijo del supervillano Skyfox-, viéndose obligados a la clandestinidad para asegurar su supervivencia y la de su hijo Jason. La necesidad de este último de ser fiel a sus raíces superheroicas acabará reiniciando un conflicto inevitable de cuyo resultado dependerá el futuro del mundo.


Más allá de la violencia cruda y espectacular llena de frases lapidarias a las que nos tiene acostumbrados –presente en momentos como el linchamiento/ejecución de Utopian y su esposa a manos de sus propios allegados-, Millar elabora un guión que se toma su tiempo para desarrollar temas como los conceptos de legado y responsabilidad inherentes al género, cuidando la caracterización de personajes más de lo que viene siendo habitual en sus últimas obras. La evolución de Chloe y Hutch, presentados como unos niños mimados malcriados y entregados al exceso para acabar convirtiendose en responsables y sacrificados padres que aceptan recuperar el idealista legado de sus progenitores, denota un trasfondo asimismo aplicable a Brainwave, villano trágico cuyas terribles acciones están guiadas por los mejores propósitos, o a Skyfox, héroe renegado convertido en villano misántropo por atreverse a cuestionar prematuramente la corrupción que ha llevado a la situación actual. El guión también toca cuestiones políticas sobre las repercusiones que la existencia de estos seres tendría en el mundo real mientras narra una tragedia familiar marcada por la redención, la venganza y el sacrificio. Todo ello sin renunciar en ningún momento al espectáculo.


Buena parte de esas virtudes son apuntaladas por la labor del siempre interesante Frank Quitely, cuyo estilo feista plasmando la fisonomía de los personajes añade una agradecida pátina de realismo que acentúa aún más la espectacularidad de unas composiciones de página que no tienen que envidiar a la narrativa cinematográfica –demostrada en las primeras andanzas de Jason creando un tornado o viajando a la Luna- embellecida por el coloreado de Peter Doherty. Un recital gráfico que, desgraciadamente, se cobra el precio de un ritmo de publicación irregular –cuatro años para publicar las diez entregas, divididas en dos volúmenes, de las que consta la trama- agravado en su edición española a cargo de Panini por los continuos retrasos y cambios de fecha que está teniendo su edición en tomo.


A falta de una posible secuela que explore consecuencias del desenlace, el propio Millar ha seguido explorando su creación con Jupiter´s Circle, precuela ambientada en los años cincuenta y sesenta que narra las primeras aventuras de los miembros de la Unión. Dos volúmenes de seis entregas cada uno en los que Millar homenajea al cómic de la Edad de Plata utilizando para la trama elementos políticos –la Guerra Fría o Vietnam- y sociales –la paranoia anticomunista y el origen de la contracultura- junto a la aparición de personajes históricos como J. Edgard Hoover, Lyndon Johnson, Ayn Rand o Jack Kerouac. Un spin-off ilustrado por Wilfredo Torres con un estilo menos espectacular y más sencillo, en sintonía con los cómics de la época reflejada, que complementa a la perfección a la serie madre. Mientras Panini se decide sobre la publicación de esta segunda cabecera, el desenlace de Jupiter´s Legacy certifica su condición de necesaria bocanada de aire fresco que nos reconcilia con el trabajo de un guionista que demuestra aquí un talento que va más allá de las premisas llamativas y los golpes de efecto.

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