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Blade: 20 años del caminante diurno

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 27/07/2018

Aunque ahora cueste creerlo viendo las cifras de la taquilla, hace veinte años la relación de Marvel con el cine era como chocar contra un muro. Fracasos mayúsculos como Howard, Un Nuevo Héroe (1986), Vengador (The Punisher, 1989) y Capitán América (1990) quedaban muy lejos del nivel de excelencia alcanzado por su rival DC Comics gracias a títulos como Superman (1978) y Batman (1989). Con la sombra de la bancarrota sobrevolando la empresa gracias a la crisis del mercado directo a mediados de los 90, el entonces presidente de la compañía Avi Arad vio en las adaptaciones al cine la fórmula para dar la vuelta a las tornas. Sin embargo, el primer gran éxito de Marvel en la gran pantalla éxito no llegó de ninguno de los grandes iconos de la compañía sino de un discreto y olvidado secundario: Blade el Cazavampiros.



Uno de los primeros héroes afroamericanos aparecidos en el cómic mainstream, Blade fue creado en la década de 1970 por Marv Wolfman y Gene Colan en las páginas de La Tumba de Drácula, siendo brevemente recuperado en los 90 gracias al sello editorial bautizado como los Hijos de la Medianoche. Para el gran público era prácticamente un desconocido pero su proximidad al género de terror lo hacía mucho más asequible para el cine en una época donde los film de superhéroes aún eran rara avis. Tras llegar a un acuerdo con la productora especializada en cine fantástico New Line Cinema (irónicamente filial de Warner Bros, propietaria a su vez de… ¡DC Comics!) se encargó la escritura del film a David S. Goyer, guionista que ha convertido las adaptaciones de cómics en su especialidad. El bajo perfil del personaje permitió a su vez modificar la versión cinematográfica, modernizando su estética y añadiendo rasgos y habilidades especiales al personaje (su fuerza sobrehumana, su dependencia de un suero para mantener a raya su parte vampírica) que acabarían siendo añadidos de manera retroactiva a la continuidad de la versión en cómic.


El papel protagonista recayó en manos de un ajustado Wesley Snipes, cuyo perfil de héroe de acción y su desenvoltura para las escenas de lucha encajaron como un guante al personaje. Snipes, quien previamente había acariciado la idea de encarnar a Pantera Negra, acabaría implicándose en el proyecto no solo como protagonista, sino también en calidad de productor y coreógrafo de las numerosas secuencias de acción. Su némesis, el vampiro Deacon Frost, estaba encarnado por un ascendente Stephen Dorff en una versión rejuvenecida de su equivalente en viñetas. Y junto a la protagonista femenina, interpretada por N´Bushe Wright -afortunadamente mucho más activa e interesante de lo que habitual en este tipo de papeles-, el reparto se completaba con veteranos como Kris Kristofferson como Abraham Whistler, el ayudante/mentor del protagonista, Udo Kier, actor de culto de la escena underground y el fantástico europeo y la ex-estrella del porno Traci Lords.


Finalmente, tras tantearse nombres como el de David Fincher, la dirección recayó en el británico Stephen Norrington, proveniente del mundo de los efectos especiales y que había debutado como realizador con la discreta serie B de terror Máquina Letal (1994). Su puesta en escena, deudora del lenguaje del videoclip tan de moda en aquel momento, presenta una mixtura donde se recuperaban las raíces del personaje referidas al cine blaxploitation de los setenta y se fusionaban con las fantásticas piruetas marciales del cine wuxia hongkones. Todo ello envuelto en una estética cool plagada de cuero, tatuajes, ropa de marca, música electrónica y gafas de sol que se adelantó al impacto de la posterior Matrix (1999). Asimismo el guión renovaba la figura del vampiro alejándola del drama gótico imperante en la época para otorgarle un barniz de modernidad, mostrando a los chupasangres como una sociedad secreta elitista, dividida en clanes envueltos en luchas internas de tipo político y/o mafioso y con curiosos detalles como el segregacionismo entre los vampiros de nacimiento y los convertidos que resultaban inéditos hasta la fecha –aunque los fans de la saga de rol Vampiro: La Mascarada seguramente discrepen-.


Pese a ciertas carencias tanto a nivel narrativo –el propio Blade tiene más de pose que desarrollo, preocupándose el film más de subrayar su poderío físico y su aspecto molón (frases lapidarias incluidas) que de aprovechar elementos dramáticos como su relación paternofilial con Whistler o el inesperado vínculo familiar que le une a Frost- como en los aspectos técnicos –frente al buen hacer de trucajes físicos como ese obeso vampiro bibliotecario, el nivel de CGI de secuencias como los vampiros estallando ante el suero usado por el protagonista como arma resulta deficiente incluso para la época- la película resulto un éxito inesperado gracias a su impactante estética (con secuencias ya icónicas como la fiesta en un matadero a ritmo de música electrónica bajo una lluvia de sangre creada por aspersores), un ritmo endiablado (a destacar la pelea que enfrenta a Blade cuerpo a cuerpo con los numerosos sicarios de Frost) y la iconicidad que Snipes logro imprimir al personaje. Todo ello pese a un ajustado presupuesto -45 millones de dólares- y una complicada post-producción que obligó a reescribir y regrabar el clímax final para incluir el duelo a espada entre héroe y villano así como eliminar una secuencia donde se dejaba entrever la presencia de Morbius con vistas a convertirle en el villano de la secuela (problemas de derechos lo impidieron).



Seguida por la superior Blade II (2002) firmada por Guillermo del Toro y la decepcionante Blade: Trinity (2004) dirigida por el propio Goyer, el éxito de Blade (1998) -que desgraciadamente no se repitió en los cómics, pese a varios intentos por parte de la editorial- plantó la semilla que facilitó la adaptación de otros personajes de la editorial –X-Men (2000), Spiderman (2002)- y en última instancia la puesta en marcha de su propio universo cinematográfico compartido. En 2011 Marvel Studios recuperó los derechos cinematográficos del personaje y desde entonces acaricia la idea de recuperar al mismo para la gran pantalla. Un deseo compartido por el propio Snipes, cuya carrera profesional comienza a recuperarse tras una época de decadencia. A falta de ver si las estrellas se alinean correctamente de cara al futuro, el revisionado de aquella película original cuando se cumplen dos décadas de su estreno sigue dejando patente el porqué se ha ganado más que merecidamente la etiqueta de título de culto.


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