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The Crow: El viacrucis de la venganza según James O´Barr

Un artículo de Rodrigo Arizaga Iturralde - Introducido el 02/09/2018
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Convertido en un hito del cómic independiente norteamericano, la publicación en nuestro país de una nueva edición de The Crow a cargo de Norma Editorial devuelve a la actualidad una obra que muchos parecen conocer más de oídas que de primera mano. Y es que gran parte de sus fans en realidad están más familiarizados con su celebrada adaptación cinematográfica o con posteriores aportaciones en viñetas a cargo de otros autores que con el trabajo original de James O´Barr. Un trabajo responsable del tono y las pautas que han convertido al personaje protagonista y la mitología sobrenatural creada a su alrededor en un elemento destacado de la cultura popular de las últimas tres décadas.


Ese tono que recorre de cabo a rabo la obra original resulta ser dolorosamente personal y nacido de trágicas circunstancias. En 1978 la prometida de un joven O´Barr falleció atropellada a manos de un conductor borracho dejando devastado al futuro autor. Aficionado al cómic desde pequeña edad, otra circunstancia violenta –una noticia en la prensa acerca de una joven pareja asesinada en Detroit por unos ladrones para arrebatarles un anillo de compromiso- prendió la mecha de la inspiración de una historia de perdida y venganza con la que, en una suerte de terapia/exorcismo personal, O´Barr buscaba dar salida a los impulsos más oscuros y violentos que rondaban por su mente. Así nació la historia de Eric y Shelly, joven pareja brutalmente asesinada por un grupo de delincuentes. Tiempo después Eric vuelve inexplicablemente a la vida acompañado por un misterioso cuervo y dotado de habilidades sobrenaturales que utiliza para castigar de sus asesinos. Pero ni siquiera la satisfacción que le proporciona la venganza es capaz de mitigar el dolor de su perdida.


O´Barr trabajaría de manera intermitente en la creación de la obra durante ocho años volcando todas sus obsesiones sobre el papel. No solo sus pensamientos más oscuros –es frecuente ver a Eric torturándose asimismo recordando momentos felices de su vida pasada e incluso recurriendo a la automutilación- , sino también sus lecturas poéticas y sus gustos musicales –los poemas de Arthur Rimbaud o las letras de grupos como Joy Division son citadas a modo de interludios entre los diferentes capítulos-. Asimismo, lejos de elaborar una historia lineal cargada de escenas de acción y violencia, la narración se desvía frecuentemente de la trama principal dando pie a secuencias de introspección dramática que mitifican el amor perdido. O bien a escenas oníricas centradas en los aspectos sobrenaturales de la trama, como la naturaleza del ave que acompaña al protagonista o la presencia de un misterioso personaje en forma de cowboy cadavérico que parece funcionar como una suerte de centinela entre la realidad y el más allá. Una narración que, pese a lo sórdido y violento de sus escenas de acción, prefiere apostar por los momentos más pausados y reflexivos.


Artista de formación autodidacta, la inexperiencia técnica así como el largo proceso de gestación de la obra se hacen patentes en su apartado gráfico, alternando casi sin solución de continuidad páginas que pecan de cierto tono amateur (trazos esquemáticos, proporciones descuidadas) con otras que poseen un enorme detalle y una estética casi pictórica. Ambas modalidades están dotadas no obstante de un nervio y una sensación de crudeza casi hiriente propia del cómic underground más subversivo, producidas en un sobrio blanco y negro que potencia el tono de tristeza y lúgubre de la narración. En referencia a la ambientación conviene señalar un curioso detalle adicional: en 1994, con motivo de su primera edición en formato recopilatorio, O´Barr colaboraría con el grupo de musical metal Trust Obey en la creación del disco Fear and Bullets, concebido como una suerte de banda sonora para la lectura del propio cómic.



Tras varios años coleccionando el rechazo de diversas editoriales, en 1989 un pequeño sello editorial llamado Caliber Press dio la alternativa a la obra en forma de miniserie de cuatro episodios. Dicha miniserie se convirtió rápidamente en un pequeño fenómeno del cómic independiente, adquiriendo cierta reputación en el circuito independiente y la escena musical. Su posterior recopilación en tomo, unida al tirón de su adaptación al cine y la creación de posteriores secuelas, convirtieron a The Crow en un título de culto que actualmente figura como una de los títulos independientes más vendidos de la historia. Una obra que O´Barr consideró cerrada junto a una parte de su propia vida pero sobre la que volvería en 2011, cuando publicó una edición revisada que añadía treinta nuevas páginas a la historia original. Paginas añadidas que el propio autor había descartado previamente tanto por imperativos editoriales –la primera edición en grapa exigía un número concreto de páginas por ejemplar para su impresión- como por su propia bisoñez como ilustrador a la hora de plasmar ciertas secuencias tal y como las había planeado.

Lo cierto es que, con añadidos o sin ellos y a pesar de ciertas carencias a nivel técnico, el trabajo original de O´Barr sigue destilando una fuerza y pasión que posteriores acercamientos, tanto desde el cine como desde la propia viñeta, parecen incapaces de reproducir con la misma efectividad. Una rareza no apta para todos los paladares como podrán comprobar de primera mano aquellos que se acerquen a la misma gracias a su más reciente edición.


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